Mes del Sagrado Corazón

Palabra de mujer, columna de Ivette Laviada: Mes del Sagrado Corazón

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Junio es un mes especialmente significativo para los católicos. En él celebramos solemnidades tan importantes como Corpus Christi, el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María. Aunque cada una posee una riqueza propia, todas nos conducen a una misma realidad: el amor de Dios manifestado en Jesucristo.

En una época marcada por la prisa, la incertidumbre y el ruido constante, hablar del corazón parece más necesario que nunca. No nos referimos solamente al órgano que mantiene la vida física, sino a ese centro profundo de la persona donde nacen nuestras decisiones, afectos, motivaciones y anhelos. El Catecismo de la Iglesia Católica señala que el corazón es el lugar donde la persona se encuentra consigo misma y con Dios.

¿Y qué encontramos cuando contemplamos el Corazón de Jesús? Encontramos el corazón mismo de Dios, un amor que no se cansa de buscarnos, de perdonarnos y de llamarnos a una vida plena. Un amor que llegó hasta el extremo de entregarse en la Cruz y que continúa ofreciéndose hoy a cada hombre y mujer.
Hace más de tres siglos, Jesús reveló a Santa Margarita María de Alacoque los tesoros contenidos en su Sagrado Corazón y le hizo doce promesas para quienes vivieran esta devoción con fe y perseverancia. No se trata de una fórmula mágica ni de un intercambio interesado de favores. Se trata de una invitación a entrar en una relación de amistad con Cristo, permitiéndole transformar nuestra vida desde dentro.

Quizá por eso esta devoción conserva toda su actualidad. Vivimos en una cultura que ofrece soluciones instantáneas para casi todo: bienestar inmediato, éxito sin esfuerzo, espiritualidades sin compromiso y promesas de felicidad que terminan dejando vacío el corazón. Frente a ello, el Sagrado Corazón nos recuerda que el verdadero camino hacia la paz interior no pasa por el consumo, la apariencia o la autosuficiencia, sino por el encuentro con Aquel que nos conoce y nos ama plenamente.

En estos días, el Papa León XIV ha insistido en que el mundo necesita recuperar la interioridad y redescubrir aquello que da unidad a la vida humana. Sin un corazón bien orientado, la tecnología, la economía o la política resultan insuficientes para responder a las preguntas más profundas de la persona. Solo un corazón abierto a la verdad y al amor puede construir relaciones auténticas, familias fuertes y una sociedad más humana.

La devoción al Sagrado Corazón no es una práctica del pasado. Es una propuesta profundamente actual para quienes buscan sentido, esperanza y fortaleza en medio de los desafíos de nuestro tiempo. Cristo sigue repitiendo hoy las mismas palabras de siempre: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré”.

Junio nos ofrece una oportunidad privilegiada para acercarnos nuevamente a ese Corazón que nunca deja de amar. Porque cuando el corazón del hombre se encuentra con el Corazón de Dios, la vida entera comienza a transformarse.

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