Renacer profesional, para servir hoy y siempre
Debate y salud, columna de Jacinto Herrera León: Renacer profesional, para servir hoy y siempre
Salí del consultorio más temprano de lo común y de camino a casa, vine analizando sobre notorios contrastes con respecto a la transición que ha sufrido el sentir de la Navidad. Me remonté a mi niñez y adolescencia pasando ante mí cualquier cantidad de imágenes, que atropellaron mi aún lúcida mente. Fíjense que a estas alturas mi caja pintada de café, con una vela en el centro, la imagen de la Virgen María, San José y el Niño Jesús, encabezaban al numeroso grupo de “chamacos” cada noche. Efectivamente, no podía faltar que después de hacer la tarea, con lápiz y colores -seguramente algunos se preguntarán qué son esos artefactos primitivos, comparados con la última edición de las “compu o cel”- salíamos en grupo para ir cantando “La Rama”. “¡Me paro en la puerta, me quito el sombrero porque en esta casa vive un caballero/naranjas y limas/ aquí está la Virgen…”.
A velocidad lenta continué mi transitar, y conforme avanzaba en la camioneta, me atreví a contar el número de casas que mostraban en su exterior algún motivo navideño. ¿Ya saben cuál fue el resultado verdad? Los dedos de las manos me sobraron al llegar a mi destino. Ipso facto me cuestioné: ¿Qué pasó con las luces, el muñeco plástico que sugería ser de nieve, los renos y la cara de Santa Claus que coronaban la entrada o puertas de las casas en aquellos años de los 80 y los 90?
Por otro lado, a estas alturas, los otrora mozalbetes ya habíamos escrito nuestra “cartita” al ayudante del “Niño Dios”, y cada noche, en cuenta regresiva, soñábamos con el momento de ver los regalos. De igual manera, nosotros, los padres, no olvidamos la alegría compartida, cuando aún trasnochados y sin haber pegado los ojos, nuestros pequeños jaloneaban la pijama, y a rastras nos conducían al pie del árbol. Añoro cómo las abrazaba y reían, más allá del desvelo; Jesús había nacido, y el milagro se había consumado.
Se me nubló la vista, por momentos, al recordar a mis seres queridos que han partido, como mi padre, hermano, tíos y abuelos. Lo anterior me reforzó lo tan importante de disfrutar a quienes aún están vivos,
empezando con mi madre. Mi nostálgico recorrido llegó a su fin al llegar a mi destino.
Ahora y sin mayor postergación, que a motu propio quisiera, en el área laboral médica, los claroscuros me acechan ante inminente cierre de ciclo de casi tres décadas, que sin duda no fueron fáciles, pero las recompensas superan los sacrificios. Te aseguro que en un servidor, “el fénix” resucitó en más de una ocasión, a pesar de que algunos desearon que sus alas nunca resurgieran, pero les faltaba algo, que el Creador me inyectó, inyectándome, acrecentado con cada obra, logro, premio o servicio, tesón, energía, honestidad y lealtad, que por cierto a muchos que se quedan, les falta en demasía. Mi recorrido por el coloso de la Industrial me permitió desfilar y construir una época de oro que se ha desvanecido, entre la nebulosa soberbia que atrapa al débil y envidioso.
Gran reto le espera a la nueva generación, muy preparada, pero deficiente en humanismo, carácter, sensibilidad y humildad, que dicho sea de paso, en cada Navidad tanto se nos insiste.
¡Qué tiempos aquellos, cuando el espíritu de la Natividad fue el ente que movió corazones!
Este 2025 será un festejo del nacimiento de Nuestro Señor distinto, ya que deberé hacerlo tomado de su mano para que me muestre el nuevo faro que guiará cada paso para seguir ayudando a mis semejantes.
Feliz Navidad 2025.
