Responsabilidad y compromiso ante el micrófono
Debate y salud, columna de Jacinto Herrera León: Responsabilidad y compromiso ante el micrófono
Hace tan solo dos días tuve la oportunidad de asistir al Premio Nacional de Locución 2025, que se llevó a cabo en la Ciudad de México, cuyo digno recinto fue el Auditorio del Museo Nacional de Antropología e Historia. Las preseas que anualmente se entregan llevan el nombre de distinguidos locutores que han dignificado la profesión a través de los años, en diversas categorías, como medios digitales, cultura, contenido, noticiarios y deportes, entre muchos, previo análisis por parte del panel que integra el jurado dictado exprofeso por la Asociación Nacional de Locutores de México. Con agrado vamos viendo cómo de forma natural muchos jóvenes galardonados han tomado con profesionalismo la estafeta de grandes maestros talentosos de la comunicación.
Para alguno de nosotros languidece el día, invitando a no perder la esperanza de un nuevo amanecer, recordando que hace algunos años me tocó ser recipiendario, lo que a la postre fueron cinco premios nacionales, “Pico de Oro”, “Tomás Perrín” (tres medallas), “Salud y Bienestar”, y actualmente y con honor hago acto de presencia como miembro activo, e integrante de la mesa directiva como Presidente de la Comisión de Salud, amén de ser orgullosamente locutor e hijo de uno de los grandes de la Televisión Yucateca “Don Jacinto Herrera Díaz”, que dicho sea de paso, existe un premio con su nombre grabado para la historia y esta medalla se entrega cada año dentro del magno y significativo evento, presidido por la Dra. Rosalía Buaún Sánchez, H. presidenta nacional.
Pues bien, amigo lector, muchos de nosotros ante la sumatoria de años, el Creador nos ha dado la oportunidad de transitar por el otoño de la vida. Como veremos, la salud mental y la personal son una necesidad. Durante décadas vivimos sin reparar en el mañana, nos comportamos como seres inmortales, donde los consejos y recomendaciones son cosa de viejos. La madurez nos facilita juzgar con mano prudente, sin postura inquisitoria, que contrasta con el comportamiento intransigente e irreflexivo que caracteriza a no pocos mozalbetes impetuosos. El actuar con madurez –más allá de lo esperado– es parte de lo que llamamos plasticidad cerebral. Pertenezco a una generación privilegiada, cuyos cambios sentaron los cimientos del actual momento, buenos o malos, no lo sé, pero los jóvenes moradores se encargarán de apuntalar o reconstruir el basamento.
Te aconsejo practicar la gratitud y valora las cosas que has recibido. El tener familia, trabajo, casa, amigos, etc. Estas cosas las damos por sentado, pero tan solo al echar la mirada a tu alrededor podrás percatarte que no muchos las tienen, y eso te hace afortunado y debes dar gracias. Ante lo dictado, deberás practicar la humildad, la prudencia, paciencia, comprensión y amor al semejante.
Erradica la envidia, intriga, grosería y prepotencia, aprende a perdonar, sé humilde, no seas rencoroso, erradica tu ceguera para no corregir el rumbo. Igualmente, te recomiendo aprovechar el tiempo y utilízalo para construir y no para destruir. Aquilata cada minuto y cómo lo distribuyes, evitando descuidar lo básico, como el desearle un buen día al semejante, darle un beso a tu esposa e hijos, realizar la llamada que por pereza pospones. Multiplica lazos sólidos y date a quienes te rodean; si te das, cosecharas. Hoy me permito felicitar a esta generación, que sigue sorprendiéndonos y deseo abone y disfrute cada instante de su fugaz vida.
