Notas históricas de los emblemas de la Uady (I)
Atalaya histórica, columna de José Ramón Pérez Herrera: Notas históricas de los emblemas de la Uady (I)
Desde que el ser humano adquirió consciencia de su existencia, inició un proceso social orientado a la creación de colectividades. Se trata de un proceso que ha requerido la elaboración de elementos identitarios que funcionen como una sustancia simbólica capaz de propiciar la adhesión de los individuos y hacer posible la vida en comunidad. Esta dinámica ha permitido a las personas pertenecer a grupos con los que pueden satisfacer distintas necesidades; cuanto mayor es el grado de identificación, más sólida resulta la cohesión entre los individuos. En este sentido, los símbolos -como los escudos- han desempeñado un papel fundamental, al constituirse en piezas identitarias claves para el surgimiento y la consolidación de diferentes agrupaciones. El ámbito educativo no ha sido ajeno a esta lógica. Tal es el caso que interesa abordar en esta ocasión: los emblemas de la Universidad Autónoma de Yucatán.
El 25 de febrero de 1922, el gobernador Felipe Carrillo Puerto firmó el Decreto No. 15 mediante el cual ordenó la fundación de la Universidad Nacional del Sureste. Se trataba de un anhelo que había perseguido desde 1918, cuando presentó ante el Congreso del Estado -sin éxito- una iniciativa de ley para crear la Universidad Yucateca, al onsiderarla un engranaje indispensable para el mejoramiento de la educación pública en Yucatán. Una de las primeras acciones concretadas por la recién fundada Alta Casa de Estudios fue la publicación de El Boletín de la Universidad Nacional del Sureste, cuyo primer número se publicó en marzo de ese mismo año.
En la portada de dicho número inaugural se observa un emblema circular con una figura de inspiración prehispánica al centro, rodeada por grecas en las que se lee el nombre de la Universidad. Por ello, es posible considerarla como el primer emblema que la nueva institución universitaria empleó como propio. Posteriormente, en 1925, aparece en el Núm. 5 y 6 de mayo y junio, otro emblema con motivos mayas, aunque con un diseño distinto.
Resulta un ejercicio sugerente realizar una primera aproximación analítica que permita reconstruir lo que esta simbología pudo representar para la Universidad. Desde esta perspectiva, dichos iconos pueden interpretarse como los primeros intentos por configurar un escudo que simbolizara los intereses y la vinculación de la Universidad con el contexto histórico en el que iniciaba su labor académica.
