Cuenta regresiva mundialista: el juego está por iniciar
Atalaya histórica, columna de José Ramón Pérez Herrera: Cuenta regresiva mundialista: el juego está por iniciar
Eduardo Galeano, en “El fútbol a sol y sombra” (2015), escribió que, para ciertos intelectuales conservadores, el futbol hace que la plebe piense con los pies; que de él nace un instinto animal que suprime la cualidad humana de razonar y envuelve todo en ignorancia.
Para otro grupo de intelectuales, pero de izquierda, el futbol es un enervante que debilita y reprime cualquier ímpetu revolucionario de los desposeídos. Y estoy seguro de que, para muchos otros, intelectuales o no, el futbol es una pasión que se vive minuto a minuto, antes, durante y después de cada partido. Esto me conduce a una certeza: el futbol cuenta con la mayor afición del mundo.
Del futbol se ha dicho que “es lo más importante de las cosas menos importantes”, frase atribuida por algunos a Arrigo Sacchi, y por otros a Jorge Valdano. Más allá de la autoría de tan perspicaz expresión, esta deja constancia de que el futbol es un asunto que, aunque no constituye una necesidad humana fundamental, genera conversación, discusión, controversia. El futbol no pasa y no pasará desapercibido, ni siquiera para quienes manifiestan cierto desdén hacia este deporte.
En los próximos días, gran parte de nuestras conversaciones girarán en torno al Mundial del 2026. Para bien o para mal, desde la perspectiva de quien ama este deporte o de quien lo considera irrelevante y aburrido, será un tema del que pocos podrán escapar. Las redes sociales, la prensa, la televisión y la radio harán referencia a la inauguración y el debut de la selección mexicana ante Sudáfrica; a las selecciones debutantes Cabo Verde, Curazao, Jordania o Uzbekistán; a la ausencia de Italia, que suma su tercera Copa consecutiva sin clasificar; y a tantas otras historias que suelen acompañar a los mundiales.
También se hablará de las vicisitudes de Irán en sus encuentros en Estados Unidos; de las controversias en torno a las políticas migratorias y las posibles redadas del ICE en las cercanías de los estadios gringos; del muy probable gélido ambiente futbolístico en Canadá; del gol agónico con el que alguna selección conseguirá una victoria inolvidable; de la selección sorpresa del torneo; de la decepción de alguna de las favoritas al título; de la más que probable y trágica eliminación de México y del histórico “ya merito”; de los últimos partidos de Messi, Ronaldo y Ochoa en un Mundial; y de ese gol que dejará maravillada a toda la afición.
El Mundial de futbol será el pan de cada día. Y no me refiero a la conocida expresión romana de “pan y circo”. Lo será a partir del próximo jueves 11 de junio, cuando el majestuoso Estadio Azteca -me resisto a llamarlo de otra forma- alcance el estatus de la verdadera catedral de futbol al convertirse en el primer y, hasta el momento, en el único estadio en albergar tres copas del mundo, tres inauguraciones y dos finales mundialistas, el haber sido escenario del partido del siglo y del gol de la “Mano de Dios”.
Desde entonces y hasta la final, el 19 de julio en el Estado Nueva York Nueva Jersey, el futbol ocupará un lugar privilegiado en nuestra cotidianidad. El juego está por iniciar.
