Heridas de sal
Letras al viento, columna de Karla Martínez Herrera: Heridas de sal
En el artículo pasado hablé sobre una obra de teatro de la escritora y dramaturga argentina Griselda Gambaro, y es tanto lo que me emocionó su escritura, que me enfrasqué en una novela corta de su autoría titulada “El mar que nos trajo” (2001).
Escrita con un lenguaje preciso, nostálgico y con pinceladas poéticas, trata la historia de Agostino, un italiano que emigra a Argentina y construye una vida. Sin embargo, el pasado que dejó lo persigue, se le impone y lo regresa a la Italia a la que le tiene que rendir cuentas y enfrentar las consecuencias de sus actos, dejando todo sin pistas y a la deriva.
Natalia, su hija, una niña de tres años, no logra comprender la desaparición repentina de su padre, crece con el golpe duro de su ausencia, la situación paupérrima al lado de su madre, la somete y la ahoga, ya que tiene que velar por ambas, la madre se debilitaba cada vez más con el paso del tiempo, por lo que tenía que valerse por sí misma y ayudar en todo a su progenitora, pero aún con el alma rota y con el existir en automático.
Los personajes de Gambaro no son perfectos, cometen errores, sufren, se duelen, lloran, y en cierta manera, nos hace a los lectores cercanos a ellos, nos pone en sus zapatos, obligándonos a preguntarnos, ¿qué haríamos si estuviéramos en aquella situación?
El mar representa la distancia, pero al mismo tiempo lo único que de alguna manera conecta con el pasado y que une al presente, el mar es tranquilo, pero cuando la tormenta se acerca, la marea sube, las olas se agitan, como las emociones, los problemas y la soluciones al ver tierra firme.
Gambaro escribe desde lo profundo del ser, y por lo mismo nos hace sentir que, aunque todo se conciba aparentemente perdido, siempre habrá una luz de esperanza que nos hará confiar y tener fe de que todo lo que nos rodea, mejorará, que la vida premia la paciencia, el sacrificio y el sentido de ser y estar.
Otro aspecto que toca la escritora dentro de la novela es la inmigración, ya que a lo largo de la narración se van presentando personajes de otros países, con sus propias creencias, culturas, costumbres. Que a pesar de que forman familia en Argentina, no pierden completamente su identidad, al contrario, la forjan y moldean para la continuidad de las nuevas generaciones, por lo que lo hace un país multicultural y con raíces fuertes, así como diversas.
En cuanto al abandono, nos pone a reflexionar sobre las repercusiones que esto conlleva, a pesar de los años, y de que una decisión puede marcar definitivamente el rumbo en la vida de una persona, así como afectar el entorno y más allá a lo que uno está conectado con las relaciones interpersonales.
La novela es un recuento de las heridas de sal que producen las decisiones, los conflictos, así como de la importancia de conocer nuestra historia y nuestras raíces, que, como el mar, siempre buscará conectarnos a tierra firme.
