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Letras en libertad, columna de Karla Martínez Herrera: La red encontrada

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Hace unos meses escribí sobre los libros “El monstruo pentápodo” (2016), así como el de “Un descuido cósmico” (2023), de la escritora mexicana Liliana Blum. Sin embargo, la semana pasada descubrí una de las obras que más han movido las fibras de mi ser como lo es “El libro perdido de Heinrich Böll” (2008) también de Blum, por lo que es preciso compartirles mis impresiones.

Es un libro que está dividido en cinco relatos, protagonizados por mujeres que han sido víctimas del destino, así como de circunstancias y personas que las rodean.

Pero antes de entrar de lleno a las historias, cabe recalcar que Heinrich Böll fue un escritor alemán, ganador del premio Nobel de literatura en 1972. Liliana lo toma como pieza central de los relatos, e incluso el libro perdido al que alude el título es sobre uno de los más importantes del escritor, denominado “El honor perdido de Katharina Blum” (1974), que fue escrito como una dura crítica hacia los medios sensacionalistas, así como amarillistas, usando como protagonista a una mujer, que ha sido desprestigiada, difamada, y de alguna manera maltratada por su pareja.

Dicho lo anterior, es la clara muestra del paralelismo al que alude la escritora con la historia escrita por Heinrich, y el impacto que éste tuvo en la creación de los relatos sobre las mujeres con diversas problemáticas sociales.

En cada historia, el común denominador es el libro que se van encontrando en diferentes partes, así como en las distintas etapas complicadas de sus vidas. 

En la parte final de la obra, los protagonistas van descubriendo frases de las mujeres que lo han tenido en sus manos, como una forma de dejar ir su presente turbulento, y abrazar su destino.

Transcurridas las historias nos hace ver a los lectores que realmente no se trata de que las mujeres entiendan lo que hay en el libro, sino que retrata sus propias historias, la de Allison Moore, de Helen Han, la de Candelaria Piña, de Ingrid Hankel Olmos, y de Anamari Sáenz.

Concluyendo con un epílogo de un amigo judío de la última protagonista, el cual escribe “Katharina Blum perdió su honor. Todos hemos perdido algo, pero a veces encontramos pedazos aquí y allá”.

Con una pluma afilada, concisa, sin titubeos ni rodeos, se va desentrañando el conflicto medular de cada una de las protagonistas de Blum. Que teniendo el libro como herramienta van soltando las piedras que les impide seguir adelante con la frente en alto, con lo mucho o poco que posean. Al mirar aquellas palabras cargadas de dolor y angustia, van formando una comunidad, al darse cuenta de que no son las únicas, que hay otras mujeres padeciendo situaciones similares, y que, a pesar de ello, están en el aquí y en el ahora luchando cada una desde su trinchera.

Quiero concluir con la recomendación de su lectura, por la tanta falta que hace en la sociedad, seguir sensibilizándonos con respecto a la violencia ejercida constantemente hacia las mujeres, y que a pesar de que se han modificado algunas leyes, así como la forma de abordarlo, todavía falta un largo camino por recorrer.

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