La importancia de la relación entre las familias y la escuela

Caleidoscopio, columna de Martín Martínez Erosa: La importancia de la relación entre las familias y la escuela

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Soy Asesor Técnico Pedagógico en Secundarias, y por mi trabajo visito muchas escuelas y platico con muchos directivos, maestros y alumnos. Y también soy padre, y he experimentado las dificultades que cualquier hijo vive en la escuela.

Recientemente he recibido comentarios, tanto de directivos como de docentes que afirman que cada vez es más complicado el trato con algunos padres de familia. Pareciera que el pacto entre escuela y familias está tambaleándose y poco a poco se estuviera perdiendo el sentido de esta relación.

Siempre ha habido padres que se quejan cuando consideran que sus hijos están recibiendo un trato injusto o cuando no están de acuerdo con las calificaciones que se les asigna; y esto es correcto. Los padres de familia deben estar pendientes de sus hijos. Pero pareciera que en los tiempos recientes su presencia en las escuelas es cada vez incluso más agresiva. Me comentan que se dirigen a los profesores de maneras hasta prepotentes y que incluso los acusan de gritos o maltratos a sus hijos, y que hay hasta casos en los que no van a solicitar una explicación de las calificaciones, sino que van a exigir que se las cambien, dando solo la razón a las argumentaciones de sus hijos.

En las escuelas, hasta hoy, no he visto un solo docente que agreda físicamente o insulte a un estudiante. Incluso, siempre les recomiendo a las y los profesores el ser comedidos y cuidadosos en cómo se dirigen o tratan a los alumnos, que es importante tener límites claros para evitar malas interpretaciones. En la actualidad ya no se debe tener actitudes que antes eran consideradas normales, como llamar con sobrenombres a estudiantes, o referirse a ellos como “mi amor”, mucho menos abrazarlos o ser demasiado efusivos con ellos.

Padres y maestros no somos antagónicos ni enemigos. Ambos tenemos el mismo objetivo, pero desde diferente trinchera. 

Es fundamental que se retome la confianza mutua, en que los padres comprendamos que los docentes hacen un esfuerzo honesto en la escuela, pero tal vez los tiempos y los momentos no son los suficientes en las aulas; basta recordar que en secundaria los docentes pueden llegar a atender hasta a 500 o más estudiantes, y que cada módulo de clase es de apenas 50 minutos. Y también fundamental que los educadores entendamos que hay padres que tienen horarios laborales complicados, y que ni uno ni otro busque culpables por la falta de avance de los estudiantes.

Es importante fortalecer el vínculo entre las familias y las escuelas, para que de manera colaborativa cada integrante pueda asumir compromisos y pueda comprometerse a cumplirlos. No hay una receta, pero la cercanía y comunicación es indispensable. Los padres tienen que tener comunicación con sus hijos, con los directores, con los docentes, y ese diálogo debe ser fluido y entre todas las partes. 

Los padres siempre quieren lo mejor para sus hijos… y los docentes siempre quieren lo mejor para sus estudiantes. Caminemos juntos para lograr un mejor futuro de nuestra sociedad.

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