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Tenemos cerca la guerra. Está en los análisis de aparentes expertos en la materia, en las pantallas, en la comodidad de nuestro hogar; en la indiferencia.

Quien se interesa por la humanidad sigue de cerca las noticias con el temor del “qué tal si” y se hace preguntas del tipo “Si esto escalara... ¿cuánto abarca una bomba atómica? ¿Y una nuclear? ¿Cuánto avanza una nube cargada de radiación? ¿Y si llueve... la radiación se fija? ¿Qué pasaría conmigo? ¿Qué tan rápido sería?”. Unos dicen que es un flash y en segundos aparece la nada absoluta. Otros, más fríos, apelan a frases como “el mundo siempre ha estado en conflicto, no pasa nada”. Pero, ¿sabes? Sí pasa.

En el cuento que hoy nos hace un guiño a la actualidad, “Combate de un hombre que no lucha con el corazón”, de Ambrose Bierce, estamos frente a una narración que nos ubica en primera fila, o más bien cuerpo a cuerpo en medio de una batalla. El absurdo, engrane que hace girar al cuento, se disfraza de frases heroicas preconcebidas, órdenes que imaginamos se dan en la guerra y la certeza de que todo conflicto, absolutamente todo, está lejos de ser como imaginamos que es.

Para abrir la historia vemos a un soldado a plena retirada en una carrera contra los minutos que significan la cercanía del enemigo; tropieza y se tuerce el tobillo. Él, en su gordura y cansancio, no puede seguir. Es entonces nuestro espectador principal; el que mira, el que reprueba la estrategia y quien al mismo tiempo, está temiendo por su vida. Nosotros lectores, nos sentamos junto a él.

La batalla comienza cansada porque no es la primera, sería más bien la última del día. Los cuerpos agotados, la puntería vacilante, las órdenes a medio pulmón y el temor camuflajeado en el coraje protagonizan la historia. Los rifles no tienen balas entonces funcionan ahora como medio para dar culatazos. Algunos soldados ya están cuerpo a cuerpo con el enemigo y pelean a puño cerrado, no limpio. El formar filas se ve interrumpido por la torpeza y el instinto de supervivencia de querer correr. Un circo defensivo.

¿No es esto lo que hoy nos toca? Seguimos en la virtualidad los caprichos del poder dentro del absurdo total. La diferencia es que esta guerra nos toca, nos involucra como humanidad y se respira entre aires de seriedad, dolor e impotencia. ¿Qué hacer? ¿Continuar mirando? ¿Investigar? ¿Olvidar como olvidamos otras guerras pasadas? ¿Cortar el problema humano de raíz? ¿Prepararnos?

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