El costo de enfermarse: seguros suben hasta 75% para los yucatecos
Pólizas médicas al límite: inflación hospitalaria y reforma fiscal disparan costos.
Lo que durante años fue una herramienta de previsión financiera para millones de familias hoy se ha convertido en una carga cada vez más difícil de sostener. Los seguros de gastos médicos mayores y de vida registran en 2026 incrementos que van del 50 al 75 por ciento, en un contexto marcado por la inflación médica, la presión hospitalaria y cambios fiscales.
Un agente de seguros de Mérida, consultado por Novedades Yucatán, y quien pidió el anonimato, advierte que el fenómeno no puede entenderse solo como un ajuste de tarifas, sino como una transformación estructural del sistema de salud privada en México.
“La inflación médica está completamente fuera de control. Es mucho mayor que la inflación general y eso empuja directamente el costo de las pólizas. A esta presión se suma la reciente reforma fiscal, que impide a las aseguradoras acreditar el IVA en los siniestros, lo cual representa un golpe directo a su estructura financiera. Ese 16% ahora es un costo y, como cualquier empresa, lo terminan trasladando al usuario”, explicó.
Mérida ya no es opción económica
Uno de los cambios más notorios se observa en Mérida. Tradicionalmente considerada una ciudad con costos médicos accesibles, hoy presenta precios comparables —e incluso superiores— a los de otras grandes urbes.
“Ya hay clientes que prefieren operarse en Guadalajara, por ejemplo. Pagan vuelo, hotel y, aún así, les sale más barato que hacerlo aquí”, señala.
Este fenómeno responde al crecimiento económico de la ciudad, la llegada de hospitales de alta especialidad y el encarecimiento general de los servicios.
El entrevistado explicó que el modelo de seguros funciona bajo un principio simple: la colectividad financia los siniestros.
“Los sanos pagan por los enfermos. Pero, si hay más enfermedades o estas son más caras, el sistema se tensiona y suben los costos”, detalló.
Tras la pandemia de Covid-19, este equilibrio se ha visto afectado por un incremento en enfermedades complejas, particularmente autoinmunes —como lupus y fibromialgia— y distintos tipos de cáncer, lo que ha elevado la siniestralidad.
El agente también describió prácticas dentro del sistema hospitalario privado: “Hay casos en los que una cirugía cuesta 100 mil pesos, pero, si el paciente tiene seguro, sube a 150 mil. Se busca agotar la suma asegurada”.
Este tipo de dinámicas presiona tanto a las aseguradoras como a los usuarios, generando un círculo de encarecimiento continuo.
Usuarios, obligados a elegir el servicio público
El impacto económico ha modificado el comportamiento de los asegurados. A raíz de los incrementos, se están presentando cancelaciones de pólizas, reducción de coberturas, priorización de seguros de vida sobre gastos médicos y una migración parcial hacia el sistema público.
“Antes una familia tenía varios seguros. Hoy tiene que decidir cuál conservar. Incluso personas con ingresos medios y altos comienzan a recurrir al sistema público ante la imposibilidad de cubrir gastos privados”, mencionó el entrevistado. La situación se agrava para quienes no cuentan con cobertura.
“Un tratamiento oncológico puede costar 80 mil pesos mensuales. Es impagable para la mayoría. Además, los seguros no cubren enfermedades preexistentes ni aquellas que se presentan dentro de los periodos de espera, lo que limita su acceso en momentos críticos”, añadió.
Falta regulación en mercado médico
El entrevistado advirtió que uno de los principales problemas es la falta de regulación en los costos médicos.
“Cada hospital cobra lo que quiere. Entiendo los costos de tecnología, pero hay exageraciones. No vamos a regresar a los niveles prepandemia. Esto apenas está ajustándose”, advirtió.
En este contexto, no se vislumbra una reducción de precios a corto plazo. El encarecimiento de los seguros médicos refleja un sistema de salud bajo presión, donde la atención privada se vuelve cada vez más inaccesible.
Para miles de familias, la protección financiera ante una enfermedad ya no es una certeza, sino una difícil decisión entre prioridades económicas.
