Golpea la informalidad al mercado laboral en Yucatán

Yucatán cerró el cuarto trimestre de 2025 con una de las tasas de desocupación más bajas del país, de apenas 1.5%

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55 mil personas declararon no recibir ingresos por su trabajo, un incremento de más de 12 mil en comparación anual.
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Yucatán cerró el cuarto trimestre de 2025 con una de las tasas de desocupación más bajas del país, de apenas 1.5%, pero los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) revelan un mercado laboral marcado por la precariedad, el crecimiento de la informalidad y el aumento de las condiciones críticas de ocupación.

La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), señala que la Población Económicamente Activa sumó 1.3 millones de personas, 39 mil más que en el mismo período de 2024. Pero, de los 1.2 millones de personas ocupadas, 749 mil laboran en la informalidad, lo que representa el 59.9% del total. La cifra implica un aumento anual de 45 mil personas en condiciones informales, lo que contradice el discurso de estabilidad laboral y evidencia que seis de cada 10 trabajadores carecen de seguridad social o laboran en condición vulnerable.

La población ocupada creció en casi 40 mil personas, pero la calidad del empleo da señales de deterioro. La tasa de condición crítica de ocupación (que mide a quienes trabajan jornadas extensas con ingresos insuficientes) se ubicó en 37.2%, superior al 35.4% registrado un año antes.

Además, 582 mil personas ganan hasta un salario mínimo (46.6% del total) y 409 mil perciben entre uno y dos salarios mínimos (32.8%). En contraste, 11 mil trabajadores superan los cinco salarios mínimos,
menos del 1% de la población ocupada. Preocupa también que 55 mil personas declararon no recibir ingresos por su trabajo, un incremento de más de 12 mil en comparación anual.

El dinamismo laboral se concentró en micronegocios, donde laboran 526 mil personas (54.3%) del ámbito no agropecuario. Este segmento sumó 11 mil trabajadores adicionales en un año, mientras que los establecimientos medianos perdieron siete mil plazas. Este comportamiento sugiere que el crecimiento del empleo se sostiene en unidades económicas de escasa formalización, más que en empresas consolidadas.

El sector terciario concentró 66.2% de la población ocupada, aunque los restaurantes y servicios de alojamiento perdieron 12 mil empleos. En cuanto a las horas trabajadas, 25.7% de los ocupados labora más de 48 horas semanales. 
 
El porcentaje de personas que trabajan entre 35 y 48 horas creció dos puntos porcentuales respecto al año 2024. 

Aunque la subocupación bajó de 7.6% a 6.1%, aún hay 77 mil personas que necesitan y están disponibles para trabajar más horas.

La población no económicamente activa disponible (personas que no buscaron empleo, pero aceptarían uno si se los ofrecieran) aumentó a 88 mil, 15 mil más que el año anterior. Este grupo es presión potencial
sobre el mercado laboral que no se refleja en la tasa oficial de desocupación.

La tasa de participación económica femenina fue de 52.5%, frente a 79.7% en hombres, una brecha estructural sin cambios. La informalidad afecta más a mujeres (64.0%) que a hombres (56.9%). El desempleo formal disminuyó ligeramente, pero indicadores estructurales muestran
que el reto no es generar más empleos, sino crear formales y bien remunerados. 

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