|
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram

“No me preguntes cómo pasa el tiempo”; así tituló José Emilio Pacheco su poemario de 1969, donde desentraña la cotidianidad y el transcurrir del tiempo de una manera diáfana y precisa, pero no por eso menos profunda. 

En ese año José Emilio cumplía la significativa edad de treinta años: ese primer corte de caja donde parece que de manera vital uno rompe con la juventud para adentrarse en ese marasmo llamado adultez. Quien escribe estas líneas cumplirá la pre-mesiánica edad de treinta y dos años. Nada es casualidad en tanto que uno quiera establecer relación entre un punto y otro. 

¿Tiene mi generación -treintañeros irredentos- la necesidad ya de hacer un balance con ha sido, es y tal vez será? ¿Nos estaremos convirtiendo en unos señores nostálgicos que lloran cuando suena alguna canción que fue un éxito “en nuestros tiempos”? ¿Seré yo ese señor sensiblero y cursi?

El tiempo puede ser muchas cosas. El tiempo puede ser político. Un conservador es aquel que busca preservar una idea fija en el tiempo. Un progresista es aquel que busca que una idea transite en el tiempo. Un conservador es porque fue y un progresista es porque aspira a ser más. 

El tiempo puede mostrarse en diferentes formas y ropajes. La nostalgia es una de ellas. 
Muchos de los discursos de odio de hoy en día están fundamentados en la nostalgia, en la idea de un “pasado mejor” que solo existe para mitigar el miedo que tenemos al presente. ¿Nos suena de algo Make America Great Again? La nostalgia puede ser peligrosa y reaccionaria. 

Sábato escribió: “La frase Todo tiempo pasado fue mejor no indica que antes sucedieran menos cosas malas, sino que -felizmente- la gente las echa en el olvido(..) y ,así, casi podría decir que Todo pasado fue peor, si no fuera porque el presente me parece tan horrible como el pasado”.

Tendemos a sobre-idealizar ese “pasado mejor” de la misma manera que sobre-idealizas esa posibilidad de volver con tu ex. Los recuerdos te juegan una mala pasada y comienzas a olvidar los momentos que te llevaron al rompimiento en favor de aquellos recuerdos que atesoras con vehemencia. Y tal vez hubo momentos buenos, pero uno no puede vivir fijado ni en un “pasado mejor” ni una serie de recuerdos que ya no se corresponden con la realidad.

“Hoy los tiempos van a mil y tu extraño corazón ya no capta como antes las pulsiones de tu amor”, cantaba Fito Paez. Uno de los peligros que corren las personas de mi generación es convertirse en todas esas frases y actitudes que no nos gustaban de nuestros mayores: “Es que ya no se hace música como antes”, “Es que ya no se puede decir nada” “Es que antes nos educaban mejor”. 

El tiempo puede ser muchas cosas. Es una foto amarillenta que guardaste en algún libro; aquella canción que sonaba una y otra vez en tu coche; recuerdos, silencios, rutinas, películas, olores, prendas de vestir; un discurso, una promesa, una idea.

Hay que tener cuidado con lo que hacemos con el tiempo, con nuestro pasado. Tal vez así y sólo así, podamos levantar la cara hacia nuestro futuro. Pero por favor, no me preguntes cómo pasa el tiempo. 

Lo más leído

skeleton





skeleton