Rumor de pasillo: El murmullo de la semana

A pocos meses de la elección municipal de 2027, el partido en el poder estatal todavía no logra consolidar un perfil capaz de convertirse en el referente indiscutible de la oposición en la capital yucateca.

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Lo que todavía no aparece es un liderazgo que reúna posicionamiento, estructura y capacidad electoral suficiente
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Si el Partido Acción Nacional (PAN) parece haber encontrado en la actual alcaldesa Cecilia Patrón Laviada una candidatura prácticamente natural para buscar la reelección en Mérida, en el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) ocurre exactamente lo contrario. A pocos meses de la elección municipal de 2027, el partido en el poder estatal todavía no logra consolidar un perfil capaz de convertirse en el referente indiscutible de la oposición en la capital yucateca.

No faltan aspirantes. Lo que todavía no aparece es un liderazgo que reúna posicionamiento, estructura y capacidad electoral suficiente para competir en una ciudad que históricamente ha representado el principal bastión del panismo yucateco.

Uno de los nombres que más comienza a mencionarse es el del diputado federal Óscar Brito Zapata, representante del Distrito III federal. Su triunfo en 2024 fue contundente: derrotó al priista Sergio Vadillo Lora por una diferencia superior a los 25 mil votos. Sin embargo, ese resultado todavía no se ha traducido en un posicionamiento sólido entre el electorado meridano. Aunque mantiene una actividad constante en redes sociales, asiste a graduaciones escolares, documenta recorridos por las colonias y señala problemas cotidianos como fugas de agua (atacando a la Japay e incluso a su mismo partido), dentro de Morena existe la percepción de que sigue siendo un político mucho más conocido en el ámbito partidista que entre los ciudadanos.

Otro nombre que inevitablemente aparece es el de Rommel Pacheco Marrufo, actual director general de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade). Su candidatura en 2024 lo convirtió en el rostro más visible de Morena para disputar la alcaldía de Mérida, pero el resultado terminó siendo adverso: Cecilia Patrón Laviada obtuvo una ventaja superior a los 50 mil votos. Desde entonces, Rommel ha mantenido una intensa presencia en redes sociales y una estrategia de comunicación basada en su vida pública y familiar, aunque hasta ahora esa exposición no parece haberse traducido en una recuperación política dentro de la capital yucateca. A ello se suman cuestionamientos sobre algunos nombramientos realizados al
frente de la Conade, particularmente por la incorporación de perfiles con amplio pasado priista.

El senador Jorge Carlos Ramírez Marín, quien hoy ocupa un escaño por el Partido Verde, también aparece de manera recurrente en las conversaciones. Su experiencia política es incuestionable, pero sus antecedentes electorales en Mérida pesan sobre cualquier análisis. En 2021 fue derrotado por el panista Renán Barrera Concha con una diferencia superior a los 80 mil votos. Hoy busca fortalecer su presencia nacional al impulsar también la posibilidad de presidir el Senado, una aspiración que necesariamente requiere el respaldo de Morena y sus aliados. En ese contexto, dentro del oficialismo, algunos se preguntan si ese capital político terminaría orientándose hacia una eventual candidatura municipal o si su apuesta seguirá estando en el ámbito legislativo.

Tampoco le ayudan algunos frentes abiertos. La polémica por sus clínicas, farmacias, así como por adeudos de renta y sueldos siguen apareciendo cuando se habla de su futuro político. En los pasillos también llama la atención otro detalle: mientras que un periódico ha hecho del golpeteo político una constante editorial frente a distintos actores públicos, Ramírez Marín suele quedar al margen de esos señalamientos. Hay quienes atribuyen esa circunstancia a una relación de conveniencia mutua; otros simplemente se preguntan si ese trato preferencial responde al propio senador o a la presencia de su hijo, Jorge Carlos Ramírez Granados, actual director del Registro Civil. Incluso, entre algunos proveedores y operadores políticos, persiste el comentario de que al rotativo le conviene cobrar por adelantado cuando se trata del senador, una versión que desde hace años forma parte del anecdotario político local.

La senadora Verónica Camino Farjat tampoco ha dejado de aparecer en las quinielas internas. Sin embargo, sus recientes declaraciones, al sugerir que el peso de las unidades del sistema de transporte público Va y Ven podría estar relacionado con las constantes fugas de agua en Mérida, generaron más debate que consenso. La propuesta de solicitar una auditoría técnica a la Japay colocó nuevamente su nombre en la conversación pública, aunque no necesariamente en los términos que un proyecto electoral suele buscar.

Más atrás aparecen otros perfiles que distintos grupos comienzan a explorar. La diputada federal Jessica Saiden Quiroz; la diputada local Naomi Peniche López, y Raúl Osorio Alonzo, actual director de la Beneficencia Pública del Estado, mantienen actividades públicas constantes que algunos leen como intentos de incrementar su nivel de conocimiento ciudadano. Por ahora, ninguno parece haber logrado convertirse en un punto de convergencia dentro del partido.

Quien parece haberse descartado, al menos por ahora, es Ermilo “Milo” Barrera Novelo, secretario de Economía y Trabajo del Gobierno del Estado. Aunque su nombre llegó a aparecer en algunas mediciones para la alcaldía e incluso para un distrito local, el propio funcionario ha reiterado que su prioridad sigue siendo la responsabilidad que actualmente desempeña dentro del gabinete estatal.

Mientras tanto, otra conversación comienza a tomar forma rumbo a la elección federal. En distintos círculos de Morena empieza a mencionarse al diputado Samuel Lizama Gasque como una posibilidad para competir por el Distrito VI federal, impulsado por recursos del “Mosco” Pereira.

La fotografía, por ahora, deja una conclusión evidente. Morena tiene varios nombres sobre la mesa, pero ninguno ha conseguido convertirse en el aspirante alrededor del cual el resto del partido esté dispuesto a cerrar filas. Y en política, cuando todos levantan la mano, normalmente significa que todavía nadie la ha ganado.

La delegación que desapareció del mapa político
La Delegación de Programas para el Bienestar dejó de ocupar el lugar que tuvo en la conversación política yucateca. Por esa oficina pasaron Rogerio Castro Vázquez y Rafael Marín Mollinedo, pero desde la llegada del actual encargado del despacho, Benito Mateos, la dependencia mantiene un perfil particularmente discreto.

En los hechos, comentan distintos operadores, la oficina parece concentrarse en tareas administrativas, con poca presencia territorial y escasa interlocución política. Esa situación ya alimenta las primeras especulaciones sobre quién podría asumir la delegación de manera definitiva. Entre los nombres que empiezan a escucharse aparecen el diputado federal Óscar Brito Zapata y el exsecretario de Educación Liborio Vidal Aguilar, este último mencionado cada vez con mayor frecuencia como un posible premio de consolación si no prosperan otras rutas políticas.

Bienestar sigue sin hacerse sentir
El cambio de titular no parece haber transformado la percepción sobre la Secretaría del Bienestar. Dentro y fuera del gobierno persiste la idea de que una de las dependencias llamadas a convertirse en el principal brazo de la política social del estado mantiene una presencia pública menor a la esperada.

La secretaria Claudia Estefanía Baeza Martínez ha mantenido un perfil discreto, mientras distintos actores consideran que la dependencia debería asumir un papel mucho más activo en la estrategia para combatir la pobreza. La comparación surge con frecuencia: durante el gobierno de Rolando Zapata Bello, las mediciones del Coneval marcaban buena parte de la discusión sobre la política social.

Hoy, con la desaparición del organismo, algunos consideran que también se perdió un referente para evaluar si las acciones de gobierno realmente están llegando a quienes más las necesitan.

La puerta que queda abierta
El tablero político yucateco está lejos de moverse únicamente entre Morena y el PAN. En los pasillos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y de Movimiento Ciudadano también comienzan a escucharse conversaciones que, por ahora, se mantienen lejos de los reflectores, pero que podrían terminar modificando el reparto de fuerzas rumbo a 2027. Conforme se acerca el calendario electoral, los movimientos internos empiezan a acelerarse en prácticamente todos los partidos.

A ello se suma una serie de reacomodos dentro del propio Gobierno del Estado. La salida de Joaquín Ocampo de la Dirección General de Comunicación Social no parece ser un hecho aislado. En distintos círculos políticos se comenta que podría ser apenas el primer movimiento de una reestructuración más amplia que alcanzaría áreas estratégicas durante los próximos meses, con el objetivo de llegar al próximo año con un equipo distinto para enfrentar la segunda mitad del sexenio y el arranque del proceso electoral.

De esos pasillos, hablaremos el próximo miércoles.

El nuevo recaudador
En la aduana del Aeropuerto Internacional de Mérida parece haberse instaurado un peculiar sistema de selección: no hay tómbola, no hay algoritmo visible y, mucho menos, un criterio que el pasajero pueda conocer. Todo queda, según denuncian viajeros frecuentes, al ojo clínico del jefe en turno, que desde la distancia decide quién merece una revisión… y quién probablemente terminará haciendo fila frente a la caja.

La escena se repite una y otra vez. Equipajes abiertos, pertenencias examinadas y objetos que, por decreto visual de los propios revisores, adquieren la categoría de “nuevos”. Si así lo determinan, el siguiente paso es inevitable: pagar por mercancía que, aseguran, debió declararse. Dis- cutir rara vez parece una opción; la autoridad, el uniforme y el descono- cimiento de muchos viajeros hacen el resto.

Entre quienes han pasado por esa experiencia ya circula una pregunta incómoda: ¿el criterio para revisar equipajes responde realmente a pro- tocolos aduaneros o a la necesidad de mantener una buena recaudación? Porque cuando los seleccionados parecen ser siempre quienes proyectan cierto poder adquisitivo, la sospecha termina viajando en la misma maleta que el pasajero.

La historia, por cierto, no es nueva. Hace algunos años una funcionaria de origen argentino acumuló suficientes inconformidades por un estilo muy parecido de operar. Su permanencia terminó el día que encontró enfrente a alguien que conocía la ley mejor que ella. Después vino el cambio de ads- cripción y asunto resuelto… al menos para esa oficina.

Pero las malas costumbres tienen la extraña habilidad de reciclarse. Cambian los nombres, cambian las caras, pero el libreto parece intacto. En la aduana meridana ya hay quienes aseguran que apareció un nuevo recaudador. Y mientras nadie explique con absoluta transparencia por qué unos son revisados y otros no, las dudas seguirán aterrizando todos los días, junto con los vuelos.

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