Salvemos una vida: Aprender a dejar ir para poder sanar

Quedar atrapado en la tristeza tras la pérdida de un ser querido puede terminar convirtiéndose en depresión

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El sacerdote José Luis Corona habló para los radioescuchas sobre la importancia de no quedarse estancado en el dolor
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Una pérdida puede cambiar la vida de una persona en cuestión de días, pero el dolor no siempre comienza con la ausencia, en ocasiones se construye mucho antes a través de apegos que terminan convirtiéndose en dependencia.

Cuando llega una separación, la muerte de un ser querido, la desaparición de un familiar o incluso la pérdida de una mascota, algunas personas pueden quedar atrapadas en una tristeza que, si se prolonga, puede derivar en depresión. Sobre esta realidad habló el sacerdote José Luis Corona, responsable de la Pastoral Social de la diócesis de Zacatecas, durante el programa de Salvemos una Vida que condujo Alis García Gamboa, con el tema: “El desapego te da la verdadera libertad”.

Desde esa labor, explicó, se atienden distintas problemáticas sociales, entre ellas el acompañamiento a víctimas de violencia, migrantes, personas privadas de la libertad y familias que enfrentan situaciones de vulnerabilidad. Dentro de ese trabajo también se encuentra la atención a personas afectadas por depresión y pensamientos suicidas.

Corona señaló que la depresión es multifactorial y que, desde su experiencia como sacerdote, uno de los elementos que observa con mayor frecuencia es la dificultad para afrontar pérdidas y desapegos. Consideró que los problemas familiares, las separaciones y la ruptura de vínculos importantes pueden dejar a algunas personas sin herramientas suficientes para enfrentar la ausencia.

El sacerdote sostuvo que el apego puede presentarse incluso dentro de relaciones familiares sanas. Padres, hijos, parejas y otros seres queridos pueden convertirse en el centro emocional de una persona hasta el punto de generar la sensación de que, sin ellos, la vida pierde sentido. Por ello, planteó que el desapego no debe entenderse como dejar de amar, sino como una forma de mantener la libertad emocional frente a aquello que puede perderse.

Sijo que uno de los casos que le han resultado más difíciles de acompañar es el de familiares de personas desaparecidas. A diferencia de una muerte confirmada, explicó, la incertidumbre mantiene abierta la posibilidad del reencuentro y prolonga el dolor.

En Zacatecas, agregó, las familias reciben acompañamiento de distintas instituciones y profesionales, además de grupos de la Iglesia que participan en el apoyo a las víctimas.

Frente a una pérdida confirmada, Corona describió el duelo como un proceso que puede incluir rechazo, enojo, tristeza y aceptación. En su opinión, una de las etapas que más puede dificultar la recuperación es la negación de la realidad. Aceptar que una persona ya no está, indicó, no significa dejar de sentir dolor, sino comenzar a procesarlo.

También subrayó la importancia de no enfrentar en soledad los problemas emocionales. La oración y el acompañamiento espiritual, sostuvo desde su perspectiva religiosa, pueden complementar la atención psicológica. Cuando una persona atraviesa una situación que rebasa sus recursos para afrontarla, señaló, debe recurrir a profesionales de la salud mental y, cuando sea necesario, a un psiquiatra.

Otro de los elementos que destacó fue el perdón. Según explicó, las pérdidas pueden dejar resentimiento contra otras personas, contra las circunstancias e incluso contra Dios. Trabajar ese sentimiento, afirmó, forma parte del proceso para recuperar estabilidad y evitar que el rencor permanezca como una carga.

Dentro de su práctica religiosa, Corona también atribuyó un papel importante a la confesión y a la oración como recursos de sanación espiritual. Sin embargo, sus recomendaciones incluyeron igualmente la búsqueda de ayuda profesional cuando existen síntomas de depresión o una crisis emocional.

El mensaje central, explicó, es que amar a una persona no implica depender completamente de ella. El duelo puede ser doloroso y requerir tiempo, pero aceptar la pérdida, buscar apoyo y reconocer las propias emociones son parte del proceso para continuar con la vida.

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