Salvemos una vida: Cumplen 31 años de ayuda espiritual

“Salvemos una Vida” celebró más de tres décadas ininterrumpidas al aire, con voluntariado, capacitación y apoyo psicológico las 24 horas

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Alis García Gamboa (izquierda) y Mary Liz Escalante (derecha), fundadoras
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Cuando el sufrimiento no encuentra palabras y la urgencia emocional rebasa cualquier silencio, una llamada telefónica puede convertirse en el primer paso para salvar una vida. Bajo esa premisa, el programa “Salvemos una Vida” celebra 31 años de operación ininterrumpida, consolidado como un espacio de atención, prevención y acompañamiento en casos de depresión e inteción suicida en Yucatán.

El proyecto nació en 1995 como una respuesta institucional y social ante el incremento de casos relacionados con crisis emocionales y conductas suicidas.

De acuerdo con sus fundadores, la iniciativa surgió tras la preocupación del entonces director del Hospital Psiquiátrico, el doctor Gaspar Baquedano, quien impulsó la creación de un programa de intervención que pudiera ofrecer una respuesta organizada ante este fenómeno creciente.

La propuesta fue presentada en un congreso de salud mental en Mérida y obtuvo una respuesta favorable entre especialistas y organizaciones participantes.

En entrevista durante la conmemoración del aniversario del programa, la fundadora Alis García Gamboa y Mary Liz Escalante, señalaron que el programa nació de un trabajo conjunto entre especialistas, académicos y voluntarios, ante la falta de capacitación para atender emergencias de este tipo, especialmente en cuerpos de auxilio.

Un sostén contra el suicidio

Desde sus inicios implementó una línea de atención 24/7 y un modelo de voluntariado sin fines de lucro. Con el tiempo, pasó por distintas sedes hasta consolidarse en el Centro Integral de Prevención al Suicidio y a la Depresión, “La Casita”.

Además de la atención telefónica, “Salvemos una Vida” desarrolla actividades de prevención en escuelas, universidades, empresas y espacios comunitarios, con pláticas y talleres enfocados en la detección temprana de factores de riesgo.

El equipo también canaliza a los usuarios a servicios especializados cuando los casos lo requieren, con base en una evaluación individual de cada situación.

García Gamboa destacó que el proyecto ha sobrevivido gracias al trabajo voluntario y a la participación de múltiples perfiles profesionales, desde psicólogos y psiquiatras hasta estudiantes en formación y personal administrativo.

Subrayó que el funcionamiento del programa requiere de distintas tareas que van desde la atención directa hasta labores de logística, mantenimiento y coordinación.

En el marco de su aniversario, el programa reafirma su continuidad como un espacio comunitario de intervención en salud mental, con un enfoque orientado a la prevención del suicidio y la atención de crisis emocionales, a través de una red de apoyo que se ha mantenido activa durante más de tres décadas.

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