Salvemos una vida: De la duda al servicio: vivir la Divina Misericordia
Entre la fe y la vacilación, una creyente comparte 15 años de experiencia en este movimiento espiritual
En el marco de la próxima celebración del Día del Cristo de la Misericordia, el programa radiofónico Salvemos una Vida abrió un espacio para abordar el significado de esta devoción y su impacto en la vida de quienes la practican. A través de una entrevista con Socorro Güemes, integrante del apostolado de la Divina Misericordia, se compartieron tanto elementos históricos como experiencias personales que dan cuenta de la profundidad de esta tradición religiosa.
La conversación inició con un recorrido por la historia de esta devoción, que tiene su origen en las revelaciones de Santa Faustina Kowalska, religiosa polaca del siglo XX, quien desde temprana edad manifestó una fuerte inclinación espiritual. De acuerdo con el testimonio compartido en el programa, fue en 1931 cuando, ya dentro de un convento, Faustina afirmó haber tenido la aparición de Jesucristo bajo la advocación de la Divina Misericordia, quien le encomendó difundir su imagen y mensaje.
Uno de los elementos centrales de esta devoción es precisamente la imagen del Cristo de la Misericordia: Jesús con túnica blanca, con una mano en señal de bendición y de cuyo corazón emanan dos rayos, uno rojo y uno blanco, que simbolizan, respectivamente, la sangre y el agua. Según la tradición, esta imagen representa la misericordia divina ofrecida a la humanidad.
Durante la entrevista, también se explicó que la celebración de esta advocación no tiene una fecha fija, ya que se conmemora el domingo siguiente a la Pascua, que este año fue el pasado domingo 5 de abril,
lo vincula directamente la devoción con el significado de la resurrección dentro de la fe católica.
Más allá del contexto histórico, la conversación destacó el aspecto vivencial del apostolado.
Güemes relató cómo llegó a formar parte de este movimiento de manera inesperada, tras asistir a una reunión en la que, ante la ausencia de representantes de su parroquia, ella y otra participante fueron designadas para asumir esta responsabilidad.
Lo que comenzó con incertidumbre se transformó en un compromiso de largo plazo: actualmente suma 15 años dentro del apostolado.
El testimonio también abordó los desafíos iniciales, desde las dudas personales hasta la necesidad de formación para desempeñar su labor. Con el tiempo, explicó, el acompañamiento de otros integrantes y el acceso a materiales de estudio permitieron consolidar el grupo que hoy representa esta devoción en su comunidad.
Otro de los aspectos relevantes que se compartieron fue la práctica de la llamada “coronilla de la Divina Misericordia”, una oración que, según la tradición, se reza con un rosario y puede realizarse en cualquier momento, aunque se recomienda especialmente a las tres de la tarde, en referencia a la hora de la muerte de Jesucristo.
A lo largo del programa, se hizo énfasis en que esta devoción promueve valores como la fe, la esperanza y el servicio, además de invitar a la reflexión personal. La experiencia compartida por la entrevistada muestra cómo una práctica religiosa puede trascender lo individual y convertirse en una forma de acompañamiento comunitario.
