Salvemos una vida: Enseñan a lidiar con la ausencia

La atención al duelo, la detección de cambios de conducta y la capacitación docente forman parte de una guía que busca llegar a las escuelas de Yucatán

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Jorge Barrera Ortega y el psicólogo Alfredo Cupul Rodríguez, en la emisión de ayer del programa “Salvemos una Vida
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Una pregunta aparentemente sencilla puede convertirse en uno de los momentos más difíciles dentro de una escuela: “¿Por qué no vino?”. Cuando la ausencia de un alumno está relacionada con una muerte por suicidio, docentes y compañeros enfrentan un escenario para el que no siempre cuentan con herramientas. Ante esta situación, la Asociación Yucateca de Suicidiología AC presentó un protocolo de postvención en contextos educativos, diseñado para orientar a las comunidades escolares después de una muerte por suicidio y establecer pautas de actuación desde las primeras horas.

Durante el programa “Salvemos una Vida”, conducido por Jorge Barrera Ortega, el psicólogo Alfredo Cupul Rodríguez, coordinador de Vinculación y Proyectos de la asociación, explicó que la postvención comprende las acciones dirigidas a las personas que quedan después de una muerte por suicidio. El documento fue elaborado en colaboración con la Universidad del Valle de México, Campus Mérida, y contó con la participación de estudiantes, autoridades educativas y representantes de la sociedad civil.

Explicó que hablar del suicidio con menores de edad requiere responsabilidad y un lenguaje adecuado. En este sentido, el protocolo busca evitar rumores, especulaciones y contenidos que puedan resultar perjudiciales, además de ofrecer a los docentes pautas para abordar la situación con sus alumnos.

La guía contempla diferentes momentos de actuación. Incluye recomendaciones para las primeras 24 horas, los días y semanas posteriores, la atención relacionada con funerales y actos conmemorativos, así como acciones de seguimiento hasta seis meses después. También incorpora elementos para el autocuidado de los docentes y establece que su función no consiste en sustituir el trabajo de un profesional de la salud mental.

De acuerdo con el especialista, uno de los objetivos es brindar seguridad al personal educativo para intervenir de manera adecuada. El protocolo también aborda la detección de cambios en el comportamiento de los estudiantes. Aislamiento, irritabilidad, dejar de comer o abandonar actividades habituales no constituyen por sí mismos una señal de riesgo suicida, pero el conjunto y la modificación sostenida de distintas conductas pueden requerir mayor atención.

La escuela ocupa un lugar relevante debido al tiempo que los alumnos pasan en ella. Por ello, la asociación plantea que la prevención y la atención no deben recaer exclusivamente en padres o maestros, sino involucrar al entorno de los estudiantes.

Durante la conversación, Cupul Rodríguez citó datos oficiales correspondientes a 2024, según los cuales la Línea de la Vida recibió aproximadamente 34 mil llamadas de menores de 17 años. Para el especialista, este dato abre preguntas sobre las formas en que niños y adolescentes buscan ayuda y sobre la necesidad de fortalecer los canales de comunicación dentro de las familias y las comunidades.

Comentó que la asociación también promueve la formación especializada en suicidología y actualmente cuenta con un equipo de voluntariado integrado por 38 personas. El objetivo, explicó su coordinador, es ampliar la participación de jóvenes y de profesionales de distintas áreas en las tareas de prevención, atención y postvención.

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