Salvemos una vida: Pasa de un cuento de hadas a uno de terror

María Inés Rivera Castro relató cómo un noviazgo que describía como perfecto derivó en una boda prematura y luego en un ciclo de violencia

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María Inés Rivera (izq.) narró su experiencia de vida a MaryLiz Escalante para prevenir a otras mujeres.
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Cuando aceptó casarse apenas cuatro días después de recibir una propuesta de matrimonio durante un viaje, María Inés Rivera Castro creyó que iniciaba una nueva etapa de su vida. Años después sostiene que aquella decisión, tomada entre la emoción y la premura, fue el punto de partida de una relación marcada, según su testimonio, por el aislamiento, el control y una escalada de violencia que terminó por
transformar por completo su vida.

La arquitecta, diseñadora de interiores y estudiosa de Historia del Arte compartió su historia en el programa radiofónico Salvemos una Vida, conducido por MaryLiz Escalante, donde narró cómo conoció a quien sería su esposo desde la adolescencia, aunque fue años más tarde, cuando regresó a vivir a Mérida, cuando comenzaron una relación sentimental.

Recordó que durante el noviazgo todo parecía transcurrir con normalidad. Flores, detalles constantes, convivencia con su familia y un trato que describió como atento y afectuoso hicieron que confiara plenamente en su pareja.

Sin embargo, explicó que durante un viaje para conocer a la familia de él recibió la propuesta de matrimonio el 31 de diciembre y el enlace civil se realizó apenas el 4 de enero. Asegura que la ceremonia se llevó a cabo sin la presencia de sus padres, familiares o amigos, luego de que su entonces prometido la convenciera de que posteriormente celebrarían una boda religiosa con todos sus seres queridos.

Según su relato, aunque no llevaba la documentación necesaria para contraer matrimonio, todos los trámites fueron resueltos por personas cercanas a quien fue su esposo, situación que en ese momento no despertó sospechas, pero que hoy identifica como una de las primeras señales de control.

La entrevistada afirmó que el cambio de actitud ocurrió apenas un mes después de comenzar a vivir juntos. Relató que las primeras agresiones fueron verbales y posteriormente físicas, al tiempo que comenzaron las descalificaciones, los empujones y el aislamiento de su entorno familiar.

De acuerdo con su versión, las agresiones aumentaron con el paso de los días hasta incluir violencia sexual y un control absoluto sobre sus actividades, llamadas telefónicas y recursos económicos. Señaló que incluso dejó de visitar a sus padres para evitar que observaran las lesiones que, afirma, sufría de manera constante.

También aseguró que su pareja tomó el control de sus cuentas bancarias y utilizó recursos económicos de su patrimonio, mientras ella continuaba ocultando lo que ocurría dentro del hogar. “Me convertí en la mejor mentirosa del mundo”, expresó al recordar las conversaciones con su familia, a quienes decía que todo marchaba bien.

Rivera Castro sostuvo que vivió durante meses en un estado permanente de miedo, ansiedad y confusión, convencida por las disculpas y promesas de cambio de su agresor. Añadió que las secuelas permanecen hasta la actualidad y que ha requerido atención médica, psicológica y psiquiátrica para enfrentar las consecuencias físicas y emocionales de esa etapa.

Durante la entrevista, la arquitecta señaló que decidió hacer pública su experiencia con el propósito de que otras mujeres identifiquen señales de violencia desde las primeras etapas de una relación y busquen
apoyo. Su testimonio forma parte de una serie de emisiones dedicadas a visibilizar experiencias relacionadas con la violencia de género y la importancia de acceder a redes de atención y acompañamiento.

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