Salvemos una vida: Redes sociales, riesgo para la salud mental
Durante el programa Salvemos una Vida, Alis García Gamboa conversó con el doctor en psicología Jorge Partida
La imagen perfecta, los “likes” y la popularidad digital se han convertido en una vara con la que muchos jóvenes miden su valor personal. El problema, advierten especialistas, es que esa norma que observan en plataformas como TikTok o Instagram no es real, se trata de modelos construidos, editados y filtrados que, lejos de motivar, causan comparaciones negativas, frustración y un daño interior que muchas veces pasa desapercibido en casa hasta que es tarde.
Durante la reciente emisión del programa Salvemos una Vida, que se transmite por radio y Facebook, conducido por Alis García Gamboa, el doctor en psicología Jorge Partida alertó que estamos frente a un fenómeno similar al que se vivió con el tabaco hace décadas: mientras la publicidad vendía una imagen atractiva, se ocultaban los efectos nocivos. Hoy, explicó, diversos estados de Estados Unidos, como California, e incluso instancias federales, han impulsado demandas contra redes sociales al considerar que ciertos algoritmos están diseñados para fomentar la adicción, especialmente en menores de edad.
El especialista, quien es Jefe de Psicología del Departamento de Salud Mental del Condado de Los Ángeles, subrayó que permitir que niñas, niños y adolescentes pasen horas encerrados con su tableta o teléfono, bajo la idea de que “al menos no están molestando”, puede tener consecuencias profundas. No se trata solo de aislamiento físico, sino de una ruptura de la fibra social: menos interacción cara a cara, menos desarrollo de habilidades emocionales y menor capacidad para construir relaciones sanas. Todo ello, recordó, es un factor de riesgo para problemas serios de salud mental.
A la par, advirtió sobre la pérdida de cultura, tradiciones y vínculos comunitarios, elementos que históricamente han dado identidad y contención a las nuevas generaciones. Advirtió que cuando estos referentes se debilitan y son sustituidos por estándares digitales inalcanzables, el vacío puede ser mayor.
Destacó que la comunicación entre padres e hijos es fundamental y más que prohibir, se trata de acompañar, conocer qué consumen, cuánto tiempo pasan en línea y, sobre todo, abrir espacios de diálogo sobre autoestima, presión social y bienestar emocional.
