|
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram

En el marco del Día Internacional de la Mujer tuve la oportunidad de leer el libro “Mi nombre es Emilia del Valle”, de la escritora chilena Isabel Allende. En sus 368 páginas, la autora plasma con tenacidad y calidez la historia de Emilia, una joven que va descubriendo poco a poco su pasado familiar y va construyendo su sentir, así como sus propias ideas de la realidad que la rodea.

La personalidad de la joven es fuerte e independiente; sin embargo, se enfrenta a las trabas que la propia sociedad le impone al momento de querer salir adelante en todos los aspectos de la vida.

Isabel Allende hace de esta novela una oda a las mujeres que luchan día a día ante las injusticias y las reglas impuestas desde generaciones atrás, para verlas agachadas, sumisas y calladas; pero que con la valentía hacen lo que está en sus manos para seguir dando pasos hacia adelante y conseguir derechos, de los cuales gozamos en la actualidad, gracias a su perseverancia e incansable lucha.

Uno de los aspectos más conmovedores de la novela es la manera en que Allende retrata el trabajo femenino como un acto de dignidad. En muchos momentos de la narración, el esfuerzo de Emilia simboliza el de tantas mujeres que, a lo largo de la historia, han laborado en silencio para sostener familias, comunidades e incluso naciones enteras. El trabajo no aparece como una simple actividad económica, sino como una forma de afirmación personal y de libertad. Emilia descubre que trabajar también significa construir una voz propia, demostrar su talento y ocupar un espacio que durante mucho tiempo les fue negado a las mujeres.

La complejidad emocional y psicológica de la protagonista está latente en todo el desarrollo de la novela; desde que estaba pequeña se cuestionaba absolutamente todo. De ahí también radica la importancia del entorno familiar, en donde su madre y su padrastro siempre confiaron en ella, y la motivaron a no rendirse y a intentar todo lo que ella deseaba realizar con la frente en alto. No perdamos de foco que el tiempo en el que se encuentra ambientada la historia es a mediados del siglo XIX, donde el papel de la mujer era totalmente nulificado.

Otro aspecto a resaltar dentro de la obra es la participación de varias figuras femeninas que desde su trinchera luchan para salir avantes, y que junto con Emilia van forjando lazos de hermandad y de apoyo, y que de igual manera sirven de inspiración y aprendizaje para la protagonista.

Cabe recalcar que la novela no sólo trata de que Emilia se busque un nombre para la posteridad o para alimentar el ego, sino que más bien es una búsqueda de identidad, ya que muchas veces, a pesar de experimentar el amor de pareja y familiar, así como la cúspide laboral, hay algo que todavía no termina por llenar su vacío existencial, y eso la hace tomar decisiones arriesgadas e implacables.

Lo más leído

skeleton





skeleton