Adviento

“Nunca puedes disfrutar realmente la Navidad, hasta que puedas mirar hacia arriba, al rostro del Padre...

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“Nunca puedes disfrutar realmente la Navidad, hasta que puedas mirar hacia arriba, al rostro del Padre, y decirle que has recibido su regalo de Navidad”, John Rice.

Estamos iniciando la primera semana de Adviento, esta gran y solemne temporada en la que el cielo se inclina y el mundo contiene la respiración esperando la venida de Cristo.

Una muestra del inicio del Adviento es ver a la ciudad cómo se comienza a iluminar, las tiendas llenan de luces y colores navideños, nos deleiten con sus villancicos; en las casas sacamos nuestros nacimientos, luces, compramos arbolitos de Navidad o sacamos el artificial, los adornos navideños emperifollan los hogares. Al mismo tiempo inicia una época importante de eventos, posadas, pre-posadas, intercambios de regalos.

Las ventas de los adornos navideños están en su apogeo, siempre hay novedades, cosas interesantes por conseguir nuevas. Además de la compra de la lista de los interminables regalos, para cumplir; con los hijos, familiares, amigos, maestros, compañeros de trabajo...  son un sinfín de cosas para comprar. Y por supuesto, la lista de compras de la comida para las posadas navideñas, y la riquísima cena de Navidad.

El Adviento es época de preparación para la gran fiesta de la Iglesia, la llegada de Cristo a la humanidad, fiesta a la cual llamamos Navidad. Es una fiesta tan importante para los cristianos que la Iglesia prepara a los creyentes durante este período.

Adviento viene del latín “adventus” significa “venida”, es decir, la venida de Jesucristo para los cristianos indica el espíritu de vigilia y preparación que se deben vivir en esta época. Es un tiempo de preparación del alma para recibir a Cristo y celebrar con Él su presencia entre nosotros.

Más allá de todos los preparativos que existen, más allá de los adornos de la ciudad, de las tiendas y del hogar, de las luces y música navideña, más allá de los festejos, de las compras interminables que nos vamos llenando. Busquemos preparar la venida de Cristo, en nuestro corazón.

Trato de pensar cómo la Virgen María debió preparar en la intimidad y en la oración, con alegría y esperanza, humildad y agitación interior el nacimiento de su Hijo. María con su generoso “Hágase” se une estrechamente a la unión con Cristo al que llevó en su seno virginal.

Durante el Adviento todo lo material, el consumismo tiene gran relevancia, cuando en realidad es un tiempo para los cristianos de esperanza, de espera, de confianza, sabiendo que Dios viene: viene para estar con nuestras preocupaciones, nuestras alegrías, viene a tocar a la puerta de cada persona; ofreciendo paz, armonía y alegría en cada familia.

Es tiempo de renovar el deseo de recibir a Cristo, un medio que está a la mano de todos es la generosidad; ser generosos con aquellos que menos tienen, regalar un poquito de nuestro tiempo para visitar enfermos, para llevar un regalo a niños que no lo tienen, en nuestra casa estar alegres y buscar el tiempo para convivir más con nuestros hijos. Es momento de reflexionar para ser mejores personas y de esta manera recibir a Jesús en nuestros corazones.

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