Arrecia la guerra sucia
Los golpes políticos en Morena dejaron de ser discretos. Hoy se lanzan acusaciones, se exhiben fotografías, aparecen supuestos vínculos...
Los golpes políticos en Morena dejaron de ser discretos. Hoy se lanzan acusaciones, se exhiben fotografías, aparecen supuestos vínculos con personajes cuestionados y cada grupo intenta colocar sobre el adversario una etiqueta que pueda resultar electoralmente costosa.
El caso de Rafael Marín Mollinedo es quizá el ejemplo más evidente. En los últimos días surgieron señalamientos sobre la presencia en su entorno de una persona a la que medios han relacionado con la llamada mafia rumana. Marín se deslindó y sostuvo que quienes se acercan a sus recorridos lo hacen voluntariamente y que no cuenta con una estructura de personas a sueldo. Pero el golpe ya estaba dado.
La propia dirigencia estatal de Morena, encabezada por Johana Acosta, pidió que los señalamientos sean investigados, aunque también llamó a evitar una confrontación interna. Y esa petición dice mucho del momento que vive el partido, porque cuando la dirigencia tiene que pedir públicamente que sus propios grupos no se despedacen, queda claro que la disputa ya escaló.
Aquí también aparece el Partido Verde y Jorge Emilio González Martínez, el llamado “Niño Verde”. La reciente detención de Raúl Piña, identificado como un operador cercano al dirigente verde, volvió a colocar al PVEM en el centro de la conversación nacional por una investigación relacionada con presuntos actos de extorsión. Políticamente el caso tiene consecuencias porque el Verde es aliado de Morena y mantiene una influencia importante en Quintana Roo, y ahí está el verdadero problema.
La disputa por Quintana Roo ya comenzó a contaminarse con todos los ingredientes de una guerra electoral adelantada con prácticas añejas.
Los grupos no solamente están tratando de convencer a los ciudadanos; están tratando de destruir la credibilidad de sus adversarios antes de que siquiera exista una candidatura formal.
Unos dicen que los ataques contra Rafael Marín son una guerra sucia porque lo consideran cercano al gobierno federal. Otros exigen explicaciones y cuestionan quiénes rodean al exfuncionario. Unos defienden a Andy López Beltrán como víctima de ataques políticos; otros utilizan cada escándalo para cuestionar el poder que conserva el grupo del expresidente López Obrador.
Y mientras tanto, los ciudadanos observan. Ese es el detalle que los grupos políticos parecen olvidar, porque la guerra interna puede terminar perjudicando a todos.
Porque si Morena llega a la definición de su candidato después de meses de acusaciones, filtraciones y enfrentamientos entre sus propios grupos, tendrá que hacer algo más que cerrar filas para convencer al electorado. Tendrá que explicar por qué durante meses sus principales aspirantes se dedicaron a golpearse entre ellos.
Si esto está ocurriendo cuando apenas comienza a calentarse el escenario político, podemos imaginar lo que veremos cuando lleguen las encuestas, los registros, las definiciones y la verdadera disputa por la candidatura.
