Cuando el rumor sacude más que el temblor

El sismo de magnitud 6.1 registrado la mañana de este lunes 8 de junio, cerca de Cuba y percibido en diversos municipios del norte de Quintana Roo...

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El sismo de magnitud 6.1 registrado la mañana de este lunes 8 de junio, cerca de Cuba y percibido en diversos municipios del norte de Quintana Roo, dejó una lección que va mucho más allá de los movimientos telúricos: en tiempos de redes sociales, la desinformación puede propagarse con mayor rapidez y causar más inquietud que el propio fenómeno natural.

Afortunadamente, el movimiento, cuyo epicentro se localizó a unos 250 kilómetros de las costas quintanarroenses, no dejó afectaciones personales ni daños en viviendas, edificios o infraestructura.

 Sin embargo, mientras las autoridades realizaban las verificaciones correspondientes, en redes sociales comenzaron a circular versiones alarmistas, especulaciones sin sustento y publicaciones que, sin evidencia alguna, aseguraban que Quintana Roo se encontraba bajo amenaza de tsunami.

Fue precisamente en ese contexto cuando la gobernadora Mara Lezama actuó con oportunidad para informar a la población sobre la situación real, desmentir rumores y transmitir certeza en un momento en que miles de personas buscaban información confiable. La reacción institucional fue rápida y permitió contener una ola de versiones que amenazaba con generar pánico innecesario.

Lo ocurrido debería llevarnos a una reflexión profunda. Hoy cualquiera puede publicar información y difundirla a miles de personas en cuestión de minutos. El problema surge cuando se privilegia el amarillismo sobre la responsabilidad, cuando algunos administradores de páginas o usuarios buscan generar interacción, clics o notoriedad a costa de sembrar miedo entre la población.

Los desastres naturales son asuntos demasiado serios para convertirlos en espectáculo. Difundir datos falsos sobre un supuesto tsunami, inventar riesgos inexistentes o exagerar escenarios sin respaldo técnico no ayuda a prevenir ni protege a nadie; por el contrario, provoca confusión, afecta la capacidad de respuesta ciudadana y erosiona la confianza en los canales oficiales.

La cultura de la prevención también implica una cultura de la información responsable. Ante cualquier emergencia, la ciudadanía debe verificar fuentes, consultar a Protección Civil y atender únicamente los comunicados de las autoridades competentes. Compartir un rumor sin verificar puede parecer un acto inofensivo, pero sus consecuencias pueden ser considerables.

El sismo pasó y Quintana Roo confirmó que no hubo daños que lamentar. Lo que sí debe preocuparnos es la facilidad con la que la mentira encuentra eco en el entorno digital. Porque cuando la información se manipula, el verdadero riesgo deja de estar bajo tierra y comienza a circular en las pantallas de nuestros teléfonos.

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