Diletantes culturales
Porque el gobierno no siempre toma decisiones con lógica técnica; muchas veces las toma con lógica política. Y ahí aparece el fenómeno...
Porque el gobierno no siempre toma decisiones con lógica técnica; muchas veces las toma con lógica política. Y ahí aparece el fenómeno del diletante: personas con entusiasmo, relaciones, imagen pública, ni guna de las anteriores o simple capacidad de obediencia… pero sin formación profunda ni experiencia real en el área que administran.
Esto ocurre por varias razones. La política premia lealtades antes que especializaciones. La cultura administrativa mexicana sigue viendo la cultura, el arte y la educación como áreas “ornamentales”. El experto suele incomodar.
La administración pública privilegia el control sobre la excelencia. Muchos gobiernos prefieren instituciones medianamente funcionales, pero políticamente controlables, antes que instituciones autónomas dirigidas por figuras con prestigio propio.
Existe miedo al brillo ajeno. La burocracia moderna produce gestores, no necesariamente creadores. En cultura esto es clarísimo. Un gran músico, director, dramaturgo o investigador no siempre es elegido porque hoy se privilegia el lenguaje administrativo: indicadores, narrativas, imagen institucional y manejo político.
Y sin embargo, hay algo importante: Los grandes proyectos culturales casi nunca nacen de los burócratas; nacen de los obsesivos, los visionarios y los especialistas reales. Después el sistema los absorbe, los administra… o los combate. La historia cultural de Quintana Roo, de Cancún y de muchas regiones del país demuestra precisamente eso: los verdaderos cambios casi siempre comenzaron con artistas, educadores y promotores que trabajaron antes de que existiera estructura, presupuesto o reconocimiento oficial.
El problema no es que existan diletantes; todos empezamos siendo aficionados apasionados. El problema aparece cuando el aparato institucional reemplaza el conocimiento profundo por simulación de expertise. Ahí la política cultural deja de construir legado y empieza solamente a administrar percepción.
Durante décadas, buena parte de la cultura administrativa mexicana ha tratado al arte y a la educación como si fueran áreas decorativas del gobierno y no sectores estratégicos para el desarrollo social. ¿Ustedes que opinan? Hasta la próxima semana.
