¿Dónde se pierden tus hijos?
Cuando era niña, jugábamos tanto en el jardín que mi madre con frecuencia decía que nos perdíamos allí: en el árbol, atrás de los arbustos...
Cuando era niña, jugábamos tanto en el jardín que mi madre con frecuencia decía que nos perdíamos allí: en el árbol, atrás de los arbustos. Si salíamos de día de campo, había un sinfín de lugares para perderse de los papas: en las veredas, en los matorrales, en los arroyos, por mencionar algunos sitios.
Mis hijos, cuando eran chicos y jugaban en el patio, yo escuchaba sus voces desde la cocina, y a esa distancia sabíamos mi esposo y yo qué sucedía en sus mentes, a qué jugaban, quién ganaba y perdía, sus fantasías, si platicaban o discutían. Al entrar a casa felices y medio sucios, se tenían que lavar y no iban corriendo a la televisión. Que sólo había una en toda la casa (esta fue una regla que hemos mantenido siempre en nuestra casa). Subían a sus cuartos, unos leían y otros no hacían gran cosa.
Pero siempre sabíamos lo que ocurría en sus mentes, entraban gritando, riendo, enojados, frustrados, de mil maneras, pero siempre estábamos al tanto de lo que pasaba. Por lo contrario, hoy no escuchamos sus pensamientos, ni sus voces, hay un gran silencio en los hogares. Están en sus cuartos, y pensamos que están muy seguros allí. ¿Pero realmente eso es así o es pura ingenuidad nuestra?
Están en sus cuartos con sus auriculares, encerrados en sus mundos, podemos decir que perdiendo la vida. Vivos, pero muertos en sus relaciones con sus padres, hermanos y amigos.
Viven encerrados en un mundo lleno de tecnología que en nada contribuye a su formación, no ayuda para nada a la autoestima, a la inteligencia emocional, y menos para hacer niños fuertes y seguros para tomar decisiones morales correctas en este mundo cambiante, según la educación que los mismos padres les han enseñado.
Y es precisamente dentro de sus habitaciones donde perdemos a nuestros hijos, con drogas, conversaciones malsanas, con desconocidos, pornografía, inmersos en un mundo paralelo lleno de ilusión. Perdidos y muy alejados de su identidad familiar.
La educación que reciben nuestros hijos y nietos, hoy en día es un poco de lo que enseñan los padres de familia, con una gran mezcla de la influencia de todas las redes sociales. Estas, lamentablemente para los padres son, en muchos casos, contrarias a sus enseñanzas, y son los últimos en enterarse de que van, y por lo general no van acorde a las enseñanzas morales que los padres transmiten a sus hijos.
De ahí, la importancia de sacar a los hijos de la habitación, de quitar el celular, la tablet, la computadora, video juegos. Y dejarles un horario de dos días establecidos para jugar en la habitación solamente y horas limitadas. En el tiempo restante cámbialo para jugar con ellos, pierde tiempo con ellos, que es el mejor invertido, Desde su silencio, su encierro en su habitación, que es un grito ensordecedor donde piden ayuda. El juego es una gran herramienta para conocerlos, escucha sus voces, sus risas, sus palabras. Es el mayor regalo que puedas recibir.
