El año antes de la tormenta

El calendario no da tregua. 2026 está a la vuelta de la esquina y, aunque no es año electoral, sí será un periodo decisivo, de esos que definen el rumbo político...

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El calendario no da tregua. 2026 está a la vuelta de la esquina y, aunque no es año electoral, sí será un periodo decisivo, de esos que definen el rumbo político, económico y social de lo que vendrá después. En Quintana Roo, el próximo año se perfila como un punto de inflexión, el último tramo “cómodo” antes de que el proceso electoral de 2027 lo contamine todo.

En el terreno económico, el arranque de 2026 no será amable para la mayoría de los hogares. El aumento en combustibles por la actualización del IEPS, la llamada “cuesta de enero” y los nuevos ajustes fiscales federales golpearán directamente el bolsillo de las familias y de los pequeños negocios.

En un estado donde gran parte de la economía depende del turismo y del consumo diario, cualquier incremento en gasolina, transporte o insumos se traduce rápidamente en alzas generalizadas. El discurso oficial habla de estabilidad, pero en la calle se percibe otra cosa: incertidumbre y una sensación de fragilidad económica.

A nivel hacendario, el mensaje es claro, ya que cada vez hay menos margen de maniobra. El Paquete Económico aprobado por los legisladores para 2026 muestra ajustes, recortes y reasignaciones que revelan una realidad incómoda: no alcanza para todos.

En Quintana Roo, algunos organismos autónomos resentirán la tijera, mientras que áreas prioritarias como seguridad, educación y bienestar concentran el gasto. El problema no es sólo cuánto se asigna, sino qué tan eficaz será el uso de esos recursos en un contexto de mayor presión social y menor tolerancia ciudadana al despilfarro.

Quintana Roo tampoco es ajeno a los conflictos internacionales. Las tensiones geopolíticas, las guerras prolongadas y la volatilidad económica global tienen efectos directos en un estado altamente dependiente del turismo extranjero. Cualquier desaceleración en Estados Unidos o Europa, cualquier encarecimiento del transporte aéreo o del dólar, impacta de inmediato en la ocupación hotelera, el empleo y la recaudación local. En 2026, el Caribe mexicano seguirá siendo atractivo, pero competirá en un mercado más agresivo y con turistas más cautelosos al gastar.

En el ámbito local, 2026 será el año de las definiciones políticas silenciosas y otras no tanto. Aunque el proceso electoral formal arranca en 2027, las decisiones, alianzas, las rupturas y los adelantados comenzarán mucho antes. Los gobiernos en turno buscarán cerrar filas, mostrar resultados y construir narrativas de éxito, mientras la oposición intentará capitalizar el desgaste natural del poder. Será un año de mensajes entre líneas, de movimientos nada discretos y de disputas internas que rara vez llegarán al discurso público, pero que marcarán las candidaturas futuras.

La administración estatal y los gobiernos municipales enfrentarán una presión doble: gobernar con recursos limitados y, al mismo tiempo, cuidar su posicionamiento rumbo a la siguiente elección. Cada obra, cada programa social, cada conflicto no resuelto será leído en clave política. Y la ciudadanía, cada vez más crítica y menos paciente, será un factor que ya no puede subestimarse.

2026 no será un año de grandes celebraciones ni de promesas espectaculares. Será, más bien, un año de resistencia, de cálculo y de preparación. El verdadero desafío estará en no perder el rumbo entre la coyuntura económica, los efectos del mundo exterior y la tentación política de anteponer el 2027 al bienestar inmediato de la gente.

Porque lo que se haga —o se deje de hacer— en 2026 no sólo marcará el cierre de un ciclo, sino el ánimo con el que Quintana Roo entrará a la próxima contienda electoral. Y ahí, ya no habrá margen para improvisar.

Finalmente, 2026 pondrá a prueba la madurez política de Quintana Roo. Será el año en que se definirá si las decisiones se toman pensando en el largo plazo o si se sacrifica el futuro por la rentabilidad electoral inmediata. La ciudadanía observará con lupa, porque ya no basta con administrar, se exige gobernar con visión, sensibilidad y responsabilidad. El año que viene no será el más ruidoso, pero sí uno de los más determinantes. Quien no lo entienda así, ¿llegará tarde a la cita con la historia?

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