El costo de educar
El regreso a clases es inevitable como también lo es, la mezcla de entusiasmo y ansiedad que provoca en los hogares de todo el país...
El regreso a clases es inevitable como también lo es, la mezcla de entusiasmo y ansiedad que provoca en los hogares de todo el país. Recorrer el centro de Mérida y los distintos almacenes en donde se venden los útiles escolares parece una cacería de locos, ya que para millones de padres y madres de familia el inicio de clases no solo representa un avance en la formación académica del escolar, sino también es una carrera de obstáculos financieros que se cuelgan de la yugular del bolsillo familiar.
La búsqueda de artículos escolares es una aventura complicada, desafío que se vive cuando simplemente no aparecen las ofertas y no se puede sobrevivir a la inflación. Recordemos la primicia: la educación es gratuita. Eso es verdad, pero la lista de materiales dice exactamente lo contrario.
Más allá de ese certero golpe en la vida financiera de una familia cuando el regreso a clases se hace inevitable, existe un desgaste emocional que muchas veces no se percibe. Una madre o un padre que buscan cuidar el bolsillo, no se detienen a comprar en la primera papelería que encuentran a su paso, siguen el andar bajo el sol lastimero, tratando, muchas veces infructuosamente, de encontrar precios que se adapten al tamaño de la cartera: comparan precios, visitan mercados mayoristas y hacen filas interminables con la esperanza de ahorrar unos cuantos pesos.
Todo este tiempo invertido también se traduce en cansancio extremo para el padre o la madre, que muchas veces tienen que sabotear su propio descanso, su vida familiar y hasta su productividad laboral.
No hay que olvidar ese lado oscuro, el mercado escolar fomenta dinámicas de exclusión, basadas en marcas prestigiosas de novedosos útiles que valen el doble. Esto es sabido, sin embargo; hay que hacer malabares si se trata de economizar, de tal manera que se adquieren materiales de baja calidad con tal de cumplir con la ya mencionada lista.
Es importante destacar que, también hay escolares que sufren al no poder cumplir con las expectativas en materiales que la escuela determinó para iniciar el ciclo escolar. Sienten miedo al rechazo, a la burla por llevar materiales reciclados o simplemente porque no completaron el material.
El regreso a clases no debería de ser sinónimo de vulnerabilidad financiera ni de angustia por parte de los padres de familia. Urgen más ferias escolares, accesibles a los bolsillos, como la que se vivió del 7 al 9 de agosto por la CANACO SERVYTUR Mérida, la feria de regreso a clases 2026, donde hubo descuentos reales del 10% al 30%, en la compra de uniformes, mochilas, calzado, materiales de papelería. Por otro lado, se necesitan políticas públicas de subsidio, y una regulación real de precios; de lo contrario, el costo económico en la educación lo seguirán pagando las familias yucatecas.
