Irán, 45 años después
Y como las tardes se prestan para la reflexión, me encontré con los recuerdos, con mis letras escritas hace 45 años en este mismo diario...
Y como las tardes se prestan para la reflexión, me encontré con los recuerdos, con mis letras escritas hace 45 años en este mismo diario. El periódico que hallé me miraba con sus ojos amarillentos comidos por el tiempo: “los desventurados iraníes”, fue el título que elegí en ese entonces. Solo leerlo la sorpresa me invadió, darme cuenta de cómo el mundo va movilizándose y al mismo tiempo observar las similitudes que siguen apareciendo en la historia.
En aquel entonces yo escribía sobre Irán, sobre una revolución, sobre el sufrimiento de ese pueblo que estaba sumergido en la violencia, en el miedo y en la incertidumbre. Hoy, vuelvo la mirada a ese pueblo, pero lo hago con la perspectiva que sólo puede dar el paso del tiempo. Han cambiado los nombres, han cambiado los protagonistas y sobre todo han cambiado muchas de las circunstancias.
Sin embargo, Irán vuelve a ocupar las páginas de los diarios por razones que, al leer aquel viejo artículo, tristemente resultan familiares. Es aquí donde me pregunto qué habría pensado aquella mujer que fui al saber que, más de cuatro décadas después volverían a asaltarme las letras, y volvería a escribir sobre Irán para encontrarme nuevamente con las palabras guerra, violencia, descontento e incertidumbre, arraigadas, como secuestradas de por vida por las circunstancias asociadas a aquel país.
Mucho ha sucedido en este caminar del tiempo: murió Jomeini, a quien yo veía en aquel entonces debilitado; le relevó en el cargo Ali Jamenei, que durante décadas se convirtió en el hombre fuerte de la República Islámica. Y ahora, él también ha muerto, víctima del imperialismo estadounidense y de la ofensiva militar del Estado de Israel.
Tal vez lo que más sorprende no son los cambios, sino lo que permanece. Hoy Irán vuelve a sufrir las consecuencias de la guerra que lleva ya seis meses mientras las tensiones con Estados Unidos se mantienen y los enfrentamientos han vuelto a producirse en torno al estrecho de Ormuz. Al mismo tiempo, la economía atraviesa una tormenta: las sanciones, la reducción de las exportaciones de petróleo y la falta de divisas golpean directamente a la población que ya soportaba una inflación.
Por otro lado, las protestas son la orden del día, al comienzo del año, miles de iraníes salieron a las calles motivados por el deterioro de su situación económica y por la caída de la moneda. La respuesta de las autoridades fue contundente y la represión se dejó sentir en las calles. Hoy al releer mi artículo comprendo que las heridas de hace 45 años siguen palpitando, ensangrentadas en el tiempo.
Hoy, en esta tarde que parece tan entristecida, vuelvo a doblar el papel amarillento del diario de septiembre de 1981, comprendiendo que la historia no siempre va en línea recta: cambian gobernantes, nombres, escenarios, alianzas, pero el sufrimiento de los pueblos permanece inamovible, cuando quienes deciden las guerras olvidan a quienes tienen que padecerlas.
