La nueva batalla no es la noticia, sino su interpretación
Hubo un tiempo en que la mentira necesitaba sostenerse. Requería coherencia, insistencia, cierta disciplina narrativa...
Hubo un tiempo en que la mentira necesitaba sostenerse. Requería coherencia, insistencia, cierta disciplina narrativa. Hoy sólo basta con sembrar duda.
Y en ese terreno, dos fuerzas que parecen distintas están jugando el mismo juego: la política y la industria tecnológica del humo.
Por un lado, el caso de InfodemiaMX nos dejó algo más que un desmentido fallido, porque no sólo intentó desacreditar el video de la mujer en Palacio Nacional sugiriendo manipulación con inteligencia artificial, también negó (falsamente) que Pemex estuviera involucrado en el derrame de petróleo en el Golfo de México: ambos casos con un objetivo claro: crear la posibilidad de que lo evidente no lo fuera tanto para que la duda diluyera las culpas.
Por el otro lado, la narrativa del metaverso —impulsada por empresas como Meta Platforms, pero sobre todo amplificada por gurús y vendedores de futuro— operó bajo una lógica similar, aunque con otro objetivo. No se trataba de cuestionar la realidad, sino de inflarla. De convencer a miles de personas de que algo que apenas comenzaba ya era imprescindible.
En ambos casos, el objetivo es evidente manipular la percepción, que no la realidad, porque si algo nos deja muy claro el mundo digital, es que aparentar es casi, casi tan importante como crear.
No importa si el objetivo es político o económico. El truco consiste en mover el punto de referencia. En un caso, hacer que lo real parezca dudoso. En el otro, hacer que lo incipiente parezca consolidado; y en ambos, el usuario queda atrapado en una zona donde todo depende de quién logre imponer su versión primero, porque esa máxima no ha cambiado: el que pega primero pega doble.
Influencers, analistas, cuentas amplificadoras. Voces que no necesariamente crean información, pero sí la moldean. Que toman una narrativa y la replican hasta que adquiere forma de consenso. Aunque parezca lo contrario, no es la tecnología lo que domina la conversación, sino el relato que se construye alrededor de ella.
Porque en el fondo, tanto la política como el negocio del hype comparten una misma urgencia: controlar la interpretación de la realidad. Decirle a la gente no solo qué está pasando, sino cómo debe entenderlo. Y en ese proceso, la verdad deja de ser un punto de partida para convertirse en una variable más dentro del discurso.
Antes, la disputa era por la información. Hoy, la disputa es por el significado que le da “el gran público”. No basta con mostrar un hecho; hay que encuadrarlo, explicarlo, reinterpretarlo… o sea, manipularlo para crear la suficiente confusión para que nadie tenga certeza de nada y con ello, controlar la narrativa.
Y justo este el problema: no que nos mientan, sino que terminemos acostumbrándonos a que lo hagan y no actuemos para combatirlo.
