Pacto federal, a prueba
La historia de Rubén Rocha Moya terminó dando un giro abrupto. El gobernador de Sinaloa regresó al cargo después de 112 días de licencia...
La historia de Rubén Rocha Moya terminó dando un giro abrupto. El gobernador de Sinaloa regresó al cargo después de 112 días de licencia, aseguró que tenía la conciencia tranquila y defendió su derecho a concluir el mandato que recibió de los sinaloenses.
Pero apenas habían pasado unas horas cuando volvió a solicitar licencia, esta vez por tiempo indefinido y por más de 30 días.
Rocha Moya intentó regresar contra la corriente y terminó reculando ante la presión de su propio partido y del gobierno federal.
Durante esas horas ocurrió algo pocas veces visto dentro del oficialismo. Morena se deslindó de la decisión, distintos actores del partido cuestionaron su regreso y la presidenta Claudia Sheinbaum también dejó claro que no estaba de acuerdo con la manera en que se tomó la decisión.
Entonces, la pregunta es hasta dónde llega realmente la autonomía de un gobernador frente al poder político de su propio partido y del gobierno federal.
Porque Morena pasó años criticando el presidencialismo priista, aquel modelo en el que, según su propio discurso, las decisiones importantes se tomaban desde Palacio Nacional y los gobernadores terminaban subordinados al centro.
Pues ahora tuvo una oportunidad inmejorable para demostrar que el federalismo no depende de quién gobierne. Y la prueba resultó incómoda, muy incómoda.
Rocha dijo, en los hechos, que había sido elegido por los sinaloenses y que tenía el derecho y la responsabilidad de concluir el mandato que recibió en las urnas.
Pero después de regresar encontró una reacción política prácticamente unánime en su contra dentro de Morena. Finalmente solicitó nuevamente licencia.
Ahora Morena tendrá que responder si la autonomía de los estados es un principio o una concesión política.
Porque si un gobernador puede ejercer libremente las facultades que le otorga la Constitución, aunque su partido no esté de acuerdo con él, eso sería federalismo.
Pero si necesita el visto bueno del centro para permanecer en el cargo, entonces el discurso de autonomía comienza a perder fuerza.
Lo que México no necesita es que la justicia se convierta en una herramienta de negociación política.
Lo que sí dejó Rocha Moya durante esas pocas horas fue una fotografía bastante incómoda para Morena.
Hay que reconocerlo. Eso no solamente habla de la fuerza política que todavía conserva el gobierno federal. Pero también muestra que dentro de Morena existen grupos, intereses y decisiones que no siempre pasan por una sola voluntad.
Rocha Moya puso a prueba el pacto federal, pero también puso a prueba a Morena. La prueba no terminó con su regreso. Tampoco terminó con su nueva licencia.
Porque el federalismo no se defiende solamente cuando gobierna la oposición. Se demuestra precisamente cuando un gobernador del mismo partido que controla el gobierno federal toma una decisión que incomoda al centro.
Ahora falta ver qué tan firme será Morena cuando tenga que decidir qué hacer con un gobernador que, por unas horas, decidió demostrar que el poder estatal también tiene límites que no necesariamente los marca Palacio Nacional.
