Resistencia forestal maya: El pulso de Petcacab y Polinkín
Para dar certeza legal a sus actividades, los ejidatarios formalizaron la solicitud de autorización ambiental ante la Semarnat.
Ante las cicatrices de huracanes y la presión externa, las comunidades mayas de Petcacab y Polinkín extienden su manejo forestal comunitario por 12 años más para defender su selva y consolidar la autonomía económica.
También, demostrar que el territorio se cuida trabajándolo desde adentro. El ejido Petcacab y Polinkín, asentado en el municipio de Felipe Carrillo Puerto en Quintana Roo, representa uno de los esfuerzos comunitarios más sólidos en la historia forestal del sureste mexicano.
Con una superficie total de más de 51 mil hectáreas y un área forestal permanente que supera las 21 mil hectáreas, 206 ejidatarios legalmente reconocidos mantienen viva una tradición de aprovechamiento sostenible que remonta sus raíces institucionales al histórico Plan Piloto Forestal.
Este modelo productivo, lejos de depredar el entorno, lleva resistiendo desafíos monumentales, como el devastador paso del huracán Deán en 2007 que obligó a replantear las estrategias de saneamiento y recuperación de la biomasa forestal.
Para dar certeza legal a sus actividades, los ejidatarios formalizaron la solicitud de autorización ambiental ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) a través del Documento Técnico Unificado.
Esta gestión federal respalda un programa de manejo que abarca hasta 2,039, permitiendo concluir un segundo ciclo de corta rigurosamente planificado.
La sustentabilidad de este proyecto descansa en un inventario respaldado por mil 539 sitios de muestreo con altos niveles de confiabilidad estadística, además de destinar más de cinco mil hectáreas exclusivamente a Áreas de Alto Valor para la Conservación, protegiendo humedales, cuerpos de agua y la conectividad biológica de la selva.
La economía de estas comunidades gira en torno a la industria de transformación primaria, operando aserraderos, talleres de carpintería y hornos para la producción de carbón, además de extraer de forma tradicional recursos no maderables como el chicle de chicozapote y la palma de guano.
Este engranaje productivo convive de manera armónica con iniciativas globales de mitigación climática, como la implementación paralela de un programa de créditos de carbono.
Así, los habitantes de Petcacab y Polinkín consolidan un escudo comunitario donde la madera preciosa como la caoba, el trabajo cotidiano y la conservación ambiental se convierten en la mejor garantía de supervivencia para la selva maya.
