Resultados tangibles
Al concluir su cuarto año de gobierno, y entrar de lleno en el último tramo de su administración, el resultado del gobierno de Mara Lezama...
Al concluir su cuarto año de gobierno, y entrar de lleno en el último tramo de su administración, el resultado del gobierno de Mara Lezama debe ponerse sobre la mesa con seriedad, pero sobre todo con honestidad.
Porque en política una cosa es la percepción que intentan construir los adversarios y otra muy distinta la realidad que viven diariamente los ciudadanos.
Cierto es que en las últimas semanas la gobernadora de Quintana Roo ha sido objeto de una serie de señalamientos, filtraciones y ataques provenientes, incluso, de personajes que operan agazapados dentro del propio movimiento político al que pertenece. Personajes que parecen convencidos de la vieja y mediocre fórmula de que, afectando al contrincante, automáticamente crecerán ellos.
Es, sin duda, el llamado fuego amigo.
Y quizá lo más lamentable es que se trata de una forma de hacer política que debería haber quedado enterrada junto con el viejo régimen. Son prácticas propias de lo más bajo y rancio del antiguo PRI: la filtración, el golpe por debajo de la mesa, la guerra sucia y la construcción artificial de escándalos como instrumento para debilitar al adversario.
Pero mientras algunos se ocupan de operar desde las sombras, la realidad del gobierno de Mara Lezama está a la vista.
Los quintanarroenses pueden hacer su propio balance porque los resultados son tangibles. Ahí están las obras, la inversión gestionada, los proyectos de infraestructura, la transformación de espacios públicos y el trabajo permanente para llevar recursos federales a una entidad que durante muchos años padeció gobiernos ausentes o administraciones más preocupadas por el negocio político que por gobernar.
Y hay otro elemento que no puede ignorarse: Quintana Roo ha vivido cuatro años de estabilidad política y gobernabilidad.
No se han registrado los grandes escándalos que marcaron administraciones anteriores. No se han repetido aquellas historias de excesos, corrupción, endeudamiento desmedido y crisis institucional que durante más de dos décadas fueron, lamentablemente, parte de la vida pública del estado.
Desde los tiempos de Mario Villanueva, Quintana Roo difícilmente había tenido un gobierno que pudiera presumir un ritmo de trabajo, gestión y resultados como el que hoy encabeza Mara Lezama.
Después vinieron años de números rojos, de deudas que comprometieron el futuro de varias generaciones y de gobiernos que terminaron envueltos en polémicas, acusaciones y escándalos. La política se convirtió, en muchos casos, en sinónimo de privilegio y el servicio público dejó de ser precisamente eso: servicio.
Mara Lezama llegó con una circunstancia distinta y con una forma diferente de entender el poder. Podrá haber errores, porque ningún gobierno está exento de ellos, pero resulta difícil negar que existe una diferencia entre la Quintana Roo de hace cuatro años y la actual.
Por eso, los ataques deben analizarse también bajo su verdadera dimensión política.
A medida que se acerca el proceso electoral de 2027, aumentará la intensidad de las campañas internas, las ambiciones y las disputas por el poder. Y en ese escenario, la figura de Mara Lezama resulta inevitablemente incómoda para quienes pretenden construir un proyecto propio debilitando el de otros.
Sin embargo, hay algo que las filtraciones y las campañas de golpeteo no pueden borrar: los resultados.
La obra está ahí. La gestión está ahí. La estabilidad está ahí.
Y al final, cuando concluya el sexenio y llegue el momento del balance definitivo, serán los ciudadanos quienes tengan la última palabra.
Por ahora, al cumplirse cuatro años de gobierno, la administración de Mara Lezama puede defenderse con algo que en política vale mucho más que cualquier discurso: hechos.
