Sheinbaum deja a México fuera de Davos

La 56.ª Reunión Anual del Foro Económico Mundial (Davos 2026) se celebra del 19 al 23 de enero de 2026 bajo el lema “Un espíritu de diálogo”. La agenda oficial se estructura...

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La 56.ª Reunión Anual del Foro Económico Mundial (Davos 2026) se celebra del 19 al 23 de enero de 2026 bajo el lema “Un espíritu de diálogo”. La agenda oficial se estructura en torno a cinco retos globales clave:

Cooperación en un mundo en disputa: Cómo restaurar la colaboración internacional frente a la fragmentación geopolítica y la desconfianza mutua.

Nuevas fuentes de crecimiento: Estrategias para desbloquear la productividad, la resiliencia económica y la competitividad en mercados emergentes.

Inversión en las personas: Enfoque en la educación, el bienestar y el reskilling laboral ante el avance de la inteligencia artificial (IA).

Innovación responsable a escala: El despliegue ético de tecnologías transformadoras como la IA generativa, la computación cuántica y la biotecnología.

Prosperidad dentro de los límites planetarios: Avances en sistemas energéticos seguros, finanzas sostenibles y la protección de recursos naturales como el agua y la biodiversidad.

Los temas destacados de la edición 2026 son:

Riesgos Globales: El informe de este año identifica la confrontación geoeconómica y los riesgos de ciberseguridad impulsados por la IA como las mayores amenazas a corto plazo.

Open Forum: Bajo el título “Visiones de 2050: El mañana comienza ahora”, se tratarán temas futuristas como la carrera espacial, la realidad cuántica y el futuro de la alimentación.

Transición Energética: Se debatirá la preparación para la COP30 y la seguridad en el suministro de minerales críticos.

El Foro Económico Mundial, fundado en 1971, ha sido testigo de muchos cambios en el mundo, ahora esta edición 2026 sucede en un momento que quizás sólo se asemeja, en cuanto a cambio de paradigmas, a su encuentro en 1990, cuando todos los ojos voltearon a Europa del Este tras la caída del Muro de Berlín para invertir.

Sin embargo, la presidenta Sheinbaum no asistirá. Claudia Sheinbaum es una presidenta a la que le gusta “desperdiciar” oportunidades. Con una cosmogonía diferente a la de su jefe político, Andrés Manuel López Obrador, se pensaba que ella, verdaderamente de izquierda –aunque dogmática, pero entendedora de cómo funcionaba el mundo–, lo recorrería para vender un país donde podían invertir.

Pronto mostró lo equivocados que muchos estaban. Tiene una visión tan aislacionista como su antecesor, pero, a diferencia de él, no tenía condiciones socioeconómicas tan apremiantes como hoy en día. Aquel se encerró del mundo y no pagó mucho. Ella le sigue la corriente en un mundo totalmente diferente al de su antecesor, que la hace ver pequeña y torpe en sus decisiones. Además, contradictoria.

Apenas en octubre recibió a 60 directores ejecutivos del Foro Económico Mundial de Davos, representantes de empresas de 17 países, que escucharon qué quería de ellos con el Plan México. La escucharon con atención, tomaron nota y la invitaron a la reunión anual en el destino alpino de Davos en los Alpes suizos, que comienza este lunes. Había anticipado que no iría y el miércoles pasado confirmó que se quedaría en México. Cuando lo ideal es haber ido a Suiza a dar seguimiento a lo tratado en octubre con los integrantes de dicho Foro Económico Mundial.

Como representantes del gobierno irán la empresaria Altagracia Gómez, su amiga íntima, que dirige el Plan México, el cual no tiene ninguna representación legal, acompañada de la secretaria del Medio Ambiente, Alicia Bárcena, que participará en mesas donde se hablará de temas que no están en el agenda central de los participantes, convocados para reflexionar, como señala el lema de la reunión, en “El espíritu del diálogo”. Bárcena acudirá más para cabildear su candidatura a la Secretaría General de las Naciones Unidas –que cada semana se ve más lejos–, y Gómez jugará un papel periférico. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, prefirió quedarse en México preparando el relanzamiento de las negociaciones del TMEC, que está en respiración artificial.

Qué forma de desaprovechar un evento donde la coyuntura, por razones, estas sí estratégicas, recomendaban asistir bajo cualquier supuesto. El presidente Donald Trump viajará con una buena parte de su gabinete, y el presidente colombiano, Gustavo Petro, que se reunirá en febrero con él en la Casa Blanca, decidió viajar a Davos –el año pasado canceló por problemas económicos, que no han cambiado en este año– y tener una primera plática con él frente a frente. El darling de Washington, el presidente argentino Javier Milei, incluso dará un discurso especial. En este “momento crucial” para la cooperación global, como señaló el Foro, 65 jefes de Estado y de gobierno, incluidos seis de los líderes del G7, 850 de los principales cabezas de la industria mundial y cerca de tres mil empresarios de 130 países se darán cita en las montañas suizas.

Sheinbaum los verá a casi 10 mil kilómetros de distancia. Esta es la realidad de una presidenta que dice que quiere abrir el país a la inversión privada extranjera, pero no hace nada por atraerla. Davos le representaba una oportunidad dorada para explicar que la reforma al Poder Judicial no generará incertidumbre jurídica y que no teman a expropiaciones o despojos como los hizo López Obrador (Vulcan-Calica para empezar).

Sheinbaum, una mujer de izquierda auténtica, no como el impostor anterior, tiene un problema de dogma. Su dogmatismo le impide ver que el modelo económico en el mundo es sólo uno hoy en día: capitalista. Guste o no, eso es lo que mueve a todas las naciones.

Lo que está a discusión es qué tipo de capitalismo se quiere tener. El de Estado, como el chino; el corporativo, como los de Japón y Corea del Sur; el de una economía social de mercado, como Alemania y Francia; el liberal, como el que practican Estados Unidos y Reino Unido, o el de alta libertad económica, como Singapur y Hong Kong.

El capitalismo mexicano, porque eso es lo que tenemos, se parece más al capitalismo de “amigos” de Rusia, que es un sistema híbrido donde los principales beneficiados son, precisamente, los amigos del presidente. De ahí parte de las desconfianzas para invertir en México y la percepción de que el régimen obradorista está empapado de corrupción.

No es sorpresa que la presidenta Sheinbaum muestre una falta de visión estratégica. Es parte de las características del régimen obradorista que hoy encabeza ella en la parte institucional. Lo que sorprende es que, en este difícil momento en el que se encuentra la relación bilateral con Estados Unidos, de quien depende México en más de un 85% de su economía, no alcance a ver que una buena parte de la soberanía que tanto le gusta mencionar pasa por la forma en que un país que no es potencia puede manejar la asimetría en su beneficio.

La soberanía dejó de ser un principio de convivencia entre iguales y se transformó en un instrumento de afirmación nacional frente a un sistema internacional fragmentado y crecientemente competitivo. La soberanía dejó de ser absoluta y se convirtió en capacidad de maniobra. Una de las formas en que se puede fortalecer la soberanía es la diversidad de dependencias económicas y volverse indispensable para Estados Unidos, como, por ejemplo, ofrecerle un corredor logístico seguro y confiable.

En aquel lejano 1990 posterior a la caída del muro de Berlín, el presidente Carlos Salinas se dio cuenta de que el mundo estaba cambiando y, para subirse al tren de la modernidad, propuso el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Hoy, enero de 2026, Sheinbaum ni siquiera se ha dado cuenta del profundo cambio mundial que está sucediendo ante sus ojos.

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