Therians: cuando la viralidad decide a quién insultar

La viralidad es un arma de doble filo. Lo mismo convierte a alguien en referente que en saco de boxeo y blanco de burlas; y hoy, esas víctimas tienen nombre...

|
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram

La viralidad es un arma de doble filo. Lo mismo convierte a alguien en referente que en saco de boxeo y blanco de burlas; y hoy, esas víctimas tienen nombre: los therians.

Pero antes de burlarnos —como dictan las redes— vale la pena aclarar algo básico: entender un movimiento no implica justificarlo. Significa saber qué es, por qué existe y qué busca. Después, cada quién decidirá si le parece válido, extraño o irrelevante. Lo que no se vale es opinar desde la ignorancia disfrazada de humor.

De entrada, ser therian no es una enfermedad mental. Especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México han señalado que se trata de un fenómeno de identidad social, una forma de pertenencia y búsqueda de comunidad. Nada muy distinto —en esencia— a lo que en su momento fueron los emos, los punks, los darketos o cualquier otra tribu urbana que incomodó a su generación adulta, como los cholombians, y eso que hasta Netflix tiene una película sobre ese movimiento neoleonés.

Las redes sociales no sólo visibilizan: amplifican, caricaturizan y, cuando conviene, transforman la realidad en un espectáculo. Lo que pudo haber sido una expresión identitaria más terminó transformado en meme, en tendencia y en pretexto para el hate, al menos por una o dos semanas, hasta que llegue otra cosa a la que insultar desde el sillón.

Psicólogos como Elsa Delgado (@psicologaelsadelgado en Instagram) han sido claros al considerar que, aunque ver jóvenes con máscaras o imitando comportamientos animales sea desconcertante para mucho, no estamos frente a un trastorno clínico, sino ante un movimiento de identidad.

Expertos incluso consideran que este y otros movimientos tienen su origen en la disrupción social que provocó la pandemia: muchos jóvenes encontraron en redes sociales un entorno al cual pertenecer y sobre el cual, al menos hasta ahora, mantenían cierto control de la narrativa, hecho que evidentemente la viralidad les quitó, exponiéndolos de golpe a la sociedad ya predispuesta contra todo lo que se salga de la “normalidad”.

¿Es una etapa? Probablemente. ¿Es transitoria? Posiblemente también. La adolescencia siempre ha sido laboratorio de identidad.

El problema no son los therians. El problema es nuestra incapacidad para convivir con lo distinto sin necesidad de ridiculizarlo: sí, podemos no estar de acuerdo y exponerlo, pero ello no implica que tengamos que hacerlo objeto de burla, porque en ese afán por defender la “normalidad”, únicamente empobrecemos el debate público y hacemos más grande algo que en esencia, no lo es.

Y ahí sí hay un diagnóstico claro: convertir las redes en un depósito de lo peor de nosotros mismos no es un fenómeno adolescente, es una decisión de adultos con muy poca inteligencia… incluso, de la artificial.

Lo más leído

skeleton





skeleton