El rastro de datos en los casinos digitales, una de las preocupaciones de José Ángel Cruz Morales
La seguridad de los datos personales en casinos digitales es primordial para una experiencia lúdica con transparencia.
Para José Ángel Cruz Morales, un casino online es un mapa: flechas, nodos, conexiones invisibles y un montón de migas digitales que alguien recorre sin que el usuario se dé cuenta. Tras su paso por algunas de las mejores universidades hispanohablantes y las redacciones más potentes de América (ESPN, El Universal y Fox Sports), ahora disfruta de un doble rol de periodista de datos y modelador de cuotas en BetInsight Labs.
Según José Ángel Cruz Morales, esto es lo que das sin darte cuenta
José Ángel Cruz Morales no va directo al drama, él prefiere aterrizarlo con ejemplos cotidianos. “La mayoría de usuarios cree que “dar datos” es llenar un formulario. Pero en el iGaming, eso es una puerta de entrada”, afirma el experto.
En la conversación, me fue enumerando capas: primero lo obvio (KYC, documentos, métodos de pago), luego lo que la gente rara vez imagina (metadatos, patrones de navegación, tiempos de sesión, cambios de apuesta). “No es solo qué haces, es cómo lo haces”, soltó, como quien describe una huella dactilar.
Según él, un casino digital puede aprender muchas cosas sobre ti: si jergas por impulso o con calma, si persigues pérdidas, si te alteras cuando sube la volatilidad, si respondes a promociones nocturnas o dunas, o si eres más de slots que de mesas en vivo. “En cuanto hay eventos medibles, hay modelos posibles”, insiste.
También remarca un punto que le parece clave: el rastro no está solo dentro del casino. Ahí es donde se pone serio, porque el ecosistema incluye proveedores de pago, herramientas antifraude, analítica web, plataformas de publicidad, afiliados… y “cada engranaje tiene su propia tentación de medir”.
Fingerprinting, cookies y “te conozco aunque no me lo digas”
Al preguntarle por el seguimiento, José Ángel Cruz Morales se ríe con una mezcla de resignación y picardía. “Si te digo cookies, la gente cree que con borrarlas es suficiente. Y… la verdad es que no”.
Explica que el seguimiento moderno puede incluir huellas del dispositivo (lo que muchos llaman fingerprinting): combinaciones de información técnica que, juntas, pueden volver a un usuario “reconocible” incluso sin iniciar sesión. No siempre es idéntico ni perfecto, aclara, pero sí útil para perfilar o detectar patrones.
Lo interesante es que no sataniza la parte antifraude: reconoce que en apuestas y casino online hay bots, multicuentas, intentos de abuso de bonos, triangulaciones raras. “El problema”, dice, “es cuando la línea entre seguridad y explotación comercial se vuelve borrosa y nadie te lo explica con palabras humanas”.
En su visión, el usuario promedio acepta términos larguísimos sin leerlos porque quiere entrar a jugar ya. Y ahí se abre la autopista: permisos amplios, consentimientos poco claros, y un “sí” que en realidad es un “ok, lo que sea”.
¿Quién más ve esa información?
Cuando llevamos el tema a “preocupaciones reales”, José Ángel aterriza en algo específico: la circulación. No es que el casino “sepa” de ti, más bien es quién más termina sabiendo.
“Es como una cadena: si hay campañas de adquisición, existen afiliados. Si hay marketing, hay plataformas publicitarias. Si hay pagos, existen procesadores. Si hay prevención de fraude, hay proveedores externos. En ese camino, los datos pueden fragmentarse, mezclarse o “enriquecerse” con información de terceros”, comenta.
Aquí insiste con una frase que repitió dos veces: “No es magia, es negocio”. Tras pedirle que baje a un idioma más terrenal, aclara: “Si tu comportamiento dice ‘este usuario responde a x oferta’, alguien va a querer usarlo”, explica. Si tu perfil parece vulnerable, el riesgo es que te traten como objetivo.
Le pregunté si eso pasa tal cual, y fue cuidadoso: no acusa a cualquiera de prácticas ilegales, pero sí dice que el diseño del ecosistema empuja hacia el máximo seguimiento posible. “El dato es la ficha que nunca se devuelve a la caja”, me dijo.
México, regulación y el “vacío de claridad” para el usuario
Como mexicano, José Ángel habla desde una mezcla de cariño y frustración. Dice que, en México, el usuario suele estar desarmado: poca cultura de privacidad, poca lectura de políticas, y una sensación de que “así es internet”, algo que sus investigaciones discuten en profundidad. Encima, en el sector del juego online, la gente entra por entretenimiento y velocidad, no por revisar condiciones.
Sin volverse abogado, comenta que a menudo falta claridad operativa: qué datos se recaban, por cuánto tiempo, con qué finalidad real, y con qué terceros se comparten. Lo que a él le gustaría ver es un resumen tipo semáforo: qué es obligatorio, qué es opcional, qué es para seguridad, qué es para marketing, qué se comparte y qué no.
Aquí se nota su formación en regulación digital: insiste en que “consentir” no puede ser un trámite diseñado para que la gente se rinda. Para él, la transparencia no es un PDF eterno, sino una interfaz decente. “En las redes sociales ya ha pasado, y en el iGaming tiene que terminar pasando también”, afirma.
Un cierre sin moraleja, pero con una alerta clara
Cuando me despedí, José Ángel no quiso sonar apocalíptico. Repite que no todo rastreo es maldad, que hay cosas necesarias para seguridad y cumplimiento, y que la analítica también puede proteger. Pero su preocupación sigue ahí: en los casinos digitales, el rastro de datos suele ser más grande de lo que la gente cree, y más compartido de lo que imagina.
Y si algo me quedó clarísimo de la entrevista indirecta con él, es que no está pidiendo que nadie “deje de jugar” ni que el sector se apague. Está pidiendo algo más básico, casi de sentido común: que la transparencia deje de ser letra pequeña, y que la tecnología que mira al usuario también se use, al menos un poco, para cuidarlo.

